Cada vez más fiestas populares ponen fin al concepto de la mujer como adorno

ADIOS A LAS REINAS

Hasta 2013, cientos de fiestas nacionales y provinciales finalizaban con la elección de una «reina», jóvenes mujeres que eran evaluadas, principalmente, por su aspecto físico, en una clara actitud sexista. Actualmente son 74 las localidades que eliminaron estos certámenes o los reemplazaron por otras actividades.

POR MARÍA CLARA OLMOS

Verónica Bajo, integrante de Acciones Feministas. (Foto: Horacio Culaciatti)
Verónica Bajo, integrante de Acciones Feministas. (Foto: Horacio Culaciatti)

La figura de la «reina» y los concursos de belleza con los que culminaban las más de 300 fiestas nacionales y otras cuantas provinciales fueron eliminados en más de 70 ciudades y carnavales de todo el país desde 2013, en el marco de la creciente problematización de la violencia simbólica en la que se incurre al fomentar este tipo de certámenes.

Más de medio siglo atr{as, comenzaron en numerosos pueblos y ciudades argentinas las primeras ediciones de sus respectivas fiestas tradicionales, con el objetivo de fomentar el turismo y la economía de cada región.

Los más particulares aromas, sabores, creencias, danzas, música y vestimentas autóctonas convocaron desde entonces a grandes afluencias de turistas para la Fiesta Nacional del Chamamé, en Corrientes, la de la Vendimia, en Mendoza o la de la Cerveza, en Villa General Belgrano, entre otras.

La gran mayoría de estas celebraciones finalizaba con la elección de una «reina», jóvenes mujeres que eran evaluadas, principalmente, por su aspecto físico y que en muchos casos eran acompañadas de una «reinita» de entre tres y seis años.

Pero desde 2012 se comenzó a sentir con cada vez más fuerza el reclamo encabezado por el movimiento feminista en Argentina, a partir del cual se instaba al Estado en todos sus niveles a dejar de avalar estas instancias en las que «se incurre en violencia simbólica contra las mujeres».

Las pioneras en este cuestionamiento fueron un grupo de mujeres de Bahía Blanca, pertenecientes a la organización Acciones Feministas.

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Considerando la existencia ya de la Ley 26.485, que establece a la violencia simbólica como un tipo de agresión contra la mujer, «era una contradicción que el Estado convocara a cosificar y elegir como si fuese un adorno a una mujer en una fiesta popular, bajo patrones claramente sexistas», manifestó a Télam Verónica Bajo, integrante de Acciones Feministas.

«Me preguntaba qué tenía que ver la mujer con la producción de calamares y langostinos», contó la activista feminista acerca de los inicios de esta problematización que ellas iniciaron precisamente con la Fiesta Nacional del Calamar y el Langostino, que se celebra cada año en su localidad.

Por su parte, Perla Prigoshin, la directora de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig), dependiente del Ministerio de Justicia, expresó que «para que se llegue a matar a una mujer primero se deben instalar determinadas ideas en la subjetividad, la violencia simbólica está en el germen de todas las violencias».

El problema radica en que, a través de ciertos criterios de selección como la altura, el peso, el color de ojos, tez y pelo, la soltería y la edad, se envía «un mensaje a todas las mujeres», estableciendo determinados estereotipos que ponen a muchas mujeres en «verdaderas situaciones de riesgo», en muchos casos traducidos «en desórdenes alimentarios».

«Nosotras presenciamos situaciones en las que les medían las piernas a las participantes y nos hicieron llegar casos en los que debían dejar bajo declaración jurada sus medidas y luego se cotejaban», relató Bajo.

Desde Acciones Feministas recurrieron entonces a la Consavig, que desde sus inicios trabajaba con violencia simbólica y que desde 2013 impulsó la campaña nacional «Ciudades sin Reinas», entendiendo que la promoción de estos certámenes condena a muchas mujeres a la «frustración permanente».

En 2014, Chivilcoy fue la primera ciudad en «dejar el reinado» y recién en 2016 se le sumó Bahía Blanca

Actualmente son 74 las localidades que eliminaron estos certámenes o los reemplazaron por otras actividades. Buenos Aires y Río Negro son las provincias con más ciudades adheridas, con 17 y 11 respectivamente, según los datos de la Consavig.

En el conteo no están consideradas sin embargo las ciudades que sólo cambiaron el nombre de «reina» por «embajadora» sin modificar las características evaluadas, ya que en definitiva a lo que se apunta es a la «erradicación de los concursos de belleza».

Gisela Estremador, exreina Provincial del Agricultor en General Conesa y de la Fiesta Nacional de la Manzana en General Roca. (Foto: Horacio Culaciatti)
Gisela Estremador, exreina Provincial del Agricultor en General Conesa y de la Fiesta Nacional de la Manzana en General Roca. (Foto: Horacio Culaciatti)

Al respecto, la abogada afirmó que «cada vez se entiende más el sentido de terminar con los concursos por lo corrosivos que son», aunque remarcó que es necesario seguir avanzando por las localidades que aún los mantienen.

Los argumentos de quienes están en contra apuntan a que esto «siempre fue así» y que ayuda a fomentar el turismo, «como si lo único que pudiese promover el turismo de un pueblo fueran los cuerpos de las mujeres», cuestionó Prigoshin y afirmó que no se trata de «dejar la tradición ni el turismo, sino dejar de cosificar mujeres».

En este sentido, la directora nacional de Fiestas Nacionales y Eventos,Fernanda Rodríguez, señaló que «el rol de las mujeres en los festejos no es un tema menor» y aseguró que trabajar por la igualdad de género «tiene un impacto positivo directo sobre la economía por lo que las mujeres representamos como trabajadoras de la industria, y las Fiestas Populares no escapan a esto».

Además, manifestó que «de ninguna manera afecta o afectará los objetivos turísticos y/o económicos de los festejos; todo lo contrario, nutrirá los mismos haciéndolos cada vez más participativos e igualitarios».

Por su parte, Gisela Estremedor, coronada como Reina Provincial del Agricultor en General Conesa y luego princesa de la Fiesta Nacional de la Manzana de 1999 en General Roca, señaló a Télam que estos concursos no hacen más que reforzar «los estereotipos de mujer y la gordofobia imperante», entre otros aspectos, ya que «no había ni una mujer que se corriera de la norma».

«Si bien mi experiencia personal no fue traumática, pensar esto en términos individuales no sirve, sino que es necesario poner en perspectiva que nada tiene que ver con las fiestas tradicionales que un grupo de varones eligiendo a una mujer por cómo luce», expresó la rionegrina, quien actualmente reside en Bahía Blanca.

La elección de la Reina del Agricultor fue eliminada en 2020, al igual que la de la Reina de la Manzana a partir de la decisión de la intendenta de General Roca, María Emilia Soria.

«Algunas conquistas parecen menores pero cuando la resistencia es tan grande hay que celebrarla y seguir avanzando», concluyó la «exreina».

Un programa para promover un turismo con perspectiva de género

El Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación lanzó el Programa de Igualdad de Género en Fiestas Populares y Eventos -que fue elaborado de manera conjunta con el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad y el Ministerio de Cultura de la Nación- destinado a fortalecer la igualdad de género en estos eventos que representan «un hito cultural y simbólico de gran relevancia local».

«Vemos al eje de igualdad como la base de todos los proyectos que nos atraviesan y de todas las temáticas de las mujeres en el turismo por lo que generamos como parte de esta industria», aseguró Fernanda Rodríguez, directora nacional de Fiestas Nacionales y Eventos.

A partir de los datos del censo realizado desde esa dirección, se registraron un total de 3.042 fiestas, de las cuales 894 se celebran en Buenos Aires; 667 en el noroeste del país; 648 en la zona del Litoral; 336 en la Patagonia; 316 en el centro argentino y 163 en Cuyo. Dado que en estas fiestas existen «prácticas que producen y reproducen estereotipos de género que subordinan a las mujeres y diversidades», el programa enlista una serie de acciones que tienen como objetivo la incorporación de la perspectiva de género y diversidad a estas celebraciones tradicionales.

Así, establece las siguientes líneas de acción principales:

* La creación de una Mesa Federal para la Igualdad de Géneros en las fiestas nacionales y populares argentinas, integrada por representantes de los tres Ministerios partes.

* La elaboración de guías, criterios y estándares para la incorporación de perspectiva de género y diversidad en las fiestas argentinas y eventos, a cargo de la Mesa Federal anteriormente mencionada.

* La formación y capacitación en género y diversidad a cargo de los tres Ministerios.

Respecto del programa, la funcionaria expresó que surgió a partir de los cuestionamientos «de lo que tenemos normalizado» y de «la deconstrucción del rol de la mujer» en las fiestas nacionales y populares.

Anfitriones turísticos, bailarines y embajadores son algunos reemplazos a las «reinas»

Desde el año 2014, alrededor de 74 localidades se sumaron a la campaña nacional «Ciudades sin Reina», una iniciativa de Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de Violencia de Género (Consavig).

En el nordeste, la ciudad de Corrientes eliminó en 2017 el concurso de reinas de la Fiesta Nacional del Chamamé, celebración que ya lleva más de tres décadas. Este tradicional evento, que este año se suspendió por la pandemia, elegirá en la edición del año próximo a «una pareja cultural» que demuestre sus «habilidades para el chamamé» y lo que representa esa danza en el patrimonio cultural de la provincia.

«Esta elección ahora se centra en el baile, en la postura, en las características del vestuario y un manejo muy especial respecto a la cultura, al conocimiento general de la cultura chamamecera», dijo el presidente del Instituto de Cultura de Corrientes, Gabriel Romero.

En San Juan, la Fiesta Nacional del Sol erradicó en 2020 la elección de una reina en El Carrusel del Sol, y se propuso en cambio que los carruseles cuenten la historia de cada departamento y la evolución de la provincia.

En la localidad bonaerense de Lago Epecuén, se reemplazó el otorgamiento de la tradicional Corona de Sal por una distinción a comercios, proyectos, emprendimientos y figuras que sean reconocidos como anfitriones o embajadores termales.

Por su parte, la ciudad de Rosario celebrará desde el próximo 5 de noviembre su tradicional Fiesta Nacional de las Colectividades, que este año incorpora nuevas propuestas inclusivas, entre ellas la modificación en la elección de la reina de las colectividades, sumándose a la decisión tomada por la Fiesta Nacional del Helado Artesanal.

«En el 2001 empezó la elección de la reina de Colectividades, y teníamos un reclamo de que los chicos pudieran participar, así que decidimos hacer la elección de los embajadores de colectividades, para darle también posibilidad», aseguró la presidenta de la asociación de Colectividades de Rosario, Lidia del Grosso.

Además, decidieron ampliar la edad de los embajadores de 18 a 100 años, con lo cual quien «tenga intenciones de hacerlo, puede participar en cada colectividad, ya que el objetivo es lograr un espacio más inclusivo para todo el mundo».

En el sur del país, la ciudad rionegrina de El Bolsón derogó en 2020 la figura de la reina en la Fiesta Nacional del Lúpulo, que se celebra desde 1964, y se sumó a las 11 localidades de la provincia que ya eliminaron los concursos de belleza.

El secretario de Turismo de El Bolsón, Bruno Hellriegel, aseguró a Télam que la decisión de dejar de coronar a jóvenes mujeres en «fue algo que se implementó no porque haya habido un pedido popular puntual sino porque hubo un acto de escucha hacia los movimientos y las tendencias que había respecto de los cambios de paradigma en la sociedad, de parte del intendente» .

Con respecto a la figura que podría reemplazar a la Reina del Lúpulo, el funcionario señaló que «se está trabajando en distintas alternativas» que podría ser un embajador «femenino o masculino», que no va a tener «ninguna connotación desde el aspecto físico, sino que va apuntar a ver quién puede representar a la fiesta en el país».

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