La feroz sequía que amarga al país tiñe de amarillo toda la pampa húmeda y entristece los campos. La falta de lluvias -acaso la peor en 70 años en algunas zonas como Santa Fe-, en plena cosecha de granos, será un factor importante que afectará negativamente las proyecciones 2018, y se espera que el impacto económico provoque una caída del 11% en los ingresos que el sector agrícola podría haber alcanzado en condiciones normales.

El daño económico sería de u$s3.436 millones, el equivalente a 0,5% del Producto Bruto Interno (PBI). Pero a pesar de que en el imaginario de los argentinos “lo que salva al país es el campo”, hace muchos años que el agro no tiene esa condición. Lo ratifican las cifras: en lo que va del año la producción cayó casi un 9% y lo cosechado en 2017 (u$s21.399 millones) fue un 11% menor a lo de 2016, de acuerdo con los datos del Centro de Exportadores de Cereales (CEC). Así las cosas, lo grave de la situación para los argentinos no será sólo agrícola, sino principalmente cambiaria.

Y es que como Argentina cada vez importa más y exporta menos, a medida que el rojo de la balanza comercial persista -y la tendencia parece indicar que así será-, la falta de lluvia impactará en las exportaciones, manteniéndose de igual manera las importaciones, impulsadas por el atraso cambiario producto de un dólar “barato” y protegido por el Banco Central a través de intervenciones en el mercado.

En este mes, la autoridad monetaria ya gastó más de u$s1.600 millones para mantener clavada la divisa verde en $20,54, buscando impedir que una disparada se traslade a los precios y recaliente aún más la inflación, empeorando el ya caldeado humor social.

Por ahora, el Central tiene las herramientas para mantener el dólar por debajo de los 21 pesos. Pero en el mercado ya empiezan a pensar que en un mundo donde Donald Trumpes el presidente de los Estados Unidos, nadie debería estar tranquilo.

Y no son pocos los que sostienen que en caso de que se desate una guerra comercial a gran escala entre China y los Estados Unidos, los fondos para Argentina empiecen a flaquear y el acceso al endeudamiento externo -ingreso principal de dólares al país- ya no alcance para cubrir el cada vez mayor agujero que muestran nuestras cuentas. Y que al final, las bóvedas de los bancos terminen igual de secas de dólares que los campos argentinos.