31 años, las mismas convicciones

La Semana Santa de 1987 cayó en la segunda quincena de abril. Si me preguntan cuál de las Pascuas que he vivido ha sido más significativa y particular, me pasa como a miles de argentinos de mi generación: la de aquella en que parecía que el edificio de la democracia se caía, que nuestra obligación era custodiarlo y que la Argentina estaba en vilo por ese intento de devolvernos al infierno de los golpes de Estado.

La recuerdo como si fuera hoy. La vivimos en Mendoza con tensión, preocupación y convicciones a flor de piel.

Nos llamó nuestro querido Viti Fayad, nos pidió que fuéramos a la Legislatura y ahí nos apostamos en las escalinatas dispuestos a estar el tiempo que hiciera falta y a hacer lo que fuese necesario para cuidar esa democracia en pañales.

Pasamos la noche allí entre rumores y nervios, cuando el domingo el presidente Raúl Alfonsín desde su balcón nos dijo “Felices Pascuas, la casa está en orden… no hay sangre en la Argentina”, empezamos a darnos cuenta de que estábamos siendo protagonistas de uno de esos momentos clave de la democracia recuperada.

No recuerdo esa jornada con nostalgia, pero sí con la tranquilidad de haber estado en el momento indicado en el lugar en que hacía falta. Aquellas horas estuvimos social y políticamente a la altura de las circunstancias; visto a la distancia, siento la tranquilidad de haber defendido hace 31 años las mismas banderas de libertad, igualdad y democracia que hoy sigo reivindicando.

Todo ese recuerdo, hoy tiene una dimensión especial, hace 9 años fallecía aquel presidente de todos y líder de muchos de nosotros, Raúl Alfonsín.

Como hace 31 años, como siempre, ¡Felices Pascuas!

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