“Cada niño injustamente condenado al aborto tiene el rostro del Señor, quien incluso antes de nacer y luego apenas nacido, experimentó el rechazo del mundo”, afirmó Francisco, destacando que no se puede esperar que la Iglesia cambie su posición respecto del aborto. No se puede pretender resolver los problemas eliminando una vida humana.

En la carta apostólica “Misericordia et misera”, Francisco dice que el aborto “es grave, porque atenta contra el inocente”. Aunque en esa carta, de finales de 2016, extiende a todos los sacerdotes la potestad de perdonar el pecado del aborto, “como señal de la misericordia de Dios”. Es decir, no cambió su postura frente al aborto, pero sí atiende el sufrimiento de quien lo ha cometido.

Francisco dijo más. En la exhortación apostólica de 2015, “Evangelii Gaudium”, afirmó que “entre esos débiles que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer. Que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo”.

El Papa insiste con que vivimos una “cultura del descarte” que destruye la dignidad y la vida humana. Por eso ha señalado: “¿No es la misma lógica relativista la que justifica la compra de órganos a los pobres con el fin de venderlos o de utilizarlos para experimentación, o el descarte de niños porque no responden al deseo de sus padres? Es la misma lógica del usa y tira”.