En el plano electoral, encontrar el discurso adecuado para llegar al ciudadano es clave, tanto o más importante que tener un buen candidato. Para eso trabajan los equipos de campaña, que definen estrategias y van probando al postulante hasta llegar a los comicios.

Cambiemos llega al punto de largada con su auto totalmente listo para la competición, excepto por las eternas diferencias con algunos dirigentes del radicalismo: es oficialismo, sabe quiénes comandarán la campaña, conoce a sus protagonistas y hasta tiene bastante claro cuál será su discurso.

El problema, es la realidad. Más precisamente, la economía. Las promesas de 2015 son una mochila de plomo que el oficialismo no consigue alivianar. Un dolor de cabeza para el trabajado plan de reelección de Mauricio MacriMaría Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

Del otro lado, el desierto de la oposición. Alternativa Federal, con sus distintos perfiles, no define su identidad: ¿Son antikirchneristas como Urtubey o buscan la unidad como Sergio Massa? ¿Es  Roberto Lavagna su candidato? ¿Y cuál es la visión del ex ministro de economía de Néstor Kirchner? Misterio. ¿Quiénes serán sus candidatos en las provincias?

En el kirchnerismo lo único certero es que quieren que Cristina Kirchner sea su representante. Las encuestas y sus preferencias les marcan a fuego esa realidad. Pero todo lo demás espera definiciones de la ex presidenta, que sigue siendo muda públicamente, más allá de sus reservados encuentros con dirigentes.

¿Irán por un candidato en la provincia como Insaurralde, que tuvo relación cercana a Vidal? ¿O será  Verónica Magario, en una guerra abierta?  Cambiemos espera en la línea de largada. Su auto está maltrecho, pero lo conocen. Allí esperan las definiciones del resto.