Catherina Gibilaro dejó profunda huella en el periodismo policial mendocino

 Catherina Gibilaro no estaba hecha para necrológicas, porque llenaba de vida las redacciones. Era ese tipo de periodistas que con una carcajada y un rápido taconeo arriaba con fotógrafos y choferes y ponía muy nerviosos a los jefes de noticias. Después, en medio de la noche o al rayo del sol, bajo la lluvia o aunque la tierra temblara, la emprendía con policías, funcionarios, fiscales, testigos circunstanciales, lo que fuera. Ante ella no había parcos ni cortos de palabra, jamás regresó sin la noticia que había ido a buscar.

Catherina le ponía sal a la profesión, contagiaba entusiasmo y hacía que a todos nos gustara lo que hacemos. Pero también fue capaz de poner todo su afecto y generosidad como amiga y compañera. Locuaz como pocos,  nunca dejó de prestar oídos a los dramas personales de quienes confiaban en ella. Hoy ya no está, pero no habrá muerte si tampoco hay olvido./E.V.

Fuente: Diario El Ciudadano

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *