El parlamento de Colombia.

El parlamento de Colombia.

Especial para Infonews desde Colombia.

La del domingo fue la primera de las convocatorias a las urnas que el pueblo colombiano tendrá este año. En mayo se elegirá presidente y es muy probable que deba realizarse la segunda vuelta entre los dos más votados, en junio.

Esta vez se eligieron senadores y representantes a la Cámara (diputados) pero, además, se podía votar en la consulta interpartidista que fue aprovechada por la derecha y parte del espectro progresista para reforzar sus liderazgos.

Durante los últimos 8 años el gobierno de Juan Manuel Santos buscó el centro político: llevó adelante una agenda neoliberal a la vez que ganó adhesión de sectores democráticos que le dieron apoyo por los acuerdos con las FARC.Cumplido ese ciclo, el panorama vuelve a polarizarse más claramente entre izquierda y derecha. El partido de gobierno, de la Unidad Nacional (de la U) fue el mayor perdedor de escaños legislativos a la vez que las opciones de derecha pura y dura reforzaron su presencia y por izquierda se duplicaron las bancas en el Senado.

El variopinto espacio democrático y progresista puso en juego 10 senadurías y cosechó 20 en las urnas, más 5 que debutarán en nombre de FARC. Estas últimas, más otros 5 representantes a la Cámara, no pasaron por la elección del domingo, son fruto de los acuerdos de La Habana: el beneficio de llegar al parlamento de manera directa que otorgó a los exguerrilleros el acuerdo de paz pretende compensar el genocidio político que se cometió en los 90 contra los candidatos aliados a esa fuerza que fueron sistemáticamente asesinados. Las FARC, ya convertidas en partido político, presentaron además sus candidaturas en las elecciones, obteniendo menos del 0,5% de los votos.

Las otras 20 bancas del espacio progresista se reparten así: 4 para la alianza Decentes, encabezada por Gustavo Petro; por ese espacio ingresará al Senado Aída Avella, histórica dirigente de la Unión Patriótica regresada del exilio hace pocos años. 10 bancas para los Verdes, el partido idológicamente más confuso del espacio. 5 para el Polo Democrático Alternativo, entre las que se destacan las reelecciones del defensor de DDHH Iván Cepeda y el líder campesino Alberto Castilla; y 1 por los indígenas, que al igual que los afrodescendientes y los colombianos en el exterior tienen la posibilidad de elegir bancas por jurisdicción especial. El líder indígena Feliciano Valencia, electo senador, se moverá en alianzas con el espacio progresista y de izquierda en el parlamento.

A la vez, la derecha también tiene motivos para celebrar. El expresidente Álvaro Uribe, señalado por vínculos con el paramilitarismo y responsable de probadas masacres, fue reelecto senador, siendo el candidato con más votos y su fuerza, el Centro Democrático, la más votada (19 bancas en el senado). Otra fuerza de derecha, Cambio Radical, obtuvo 16; el Partido Conservador, 15; los Liberales, en gran medida aliados a estos sectores, 14. La mayoría política que implica esa sumatoria da a la derecha un control del Congreso que ya tenían pero que ahora cobra peso de cara a las próximas presidenciales: si gana uno de sus candidatos (Iván Duque -“el que dijo Uribe”- o Vargas Lleras, por Cambio Radical) podrá contar con un fuerte aval legislativo. Si en cambio se impusiera un candidato alternativo (Gustavo Petro o Sergio Fajardo, quien encabeza una alianza de sectores de centro con otros de izquierda), tendría serias dificultades para gobernar.

Conflicto armado, denuncias de fraude y abstención

“Estas son las elecciones más tranquilas, las más pacíficas en muchísimo tiempo”, declaró el presidente Santos antes de los comicios. La afirmación es real: son las primeras elecciones en las que las FARC no detentan las armas y, además, el ELN, la guerrilla que lleva adelante un proceso de negociaciones sin muchos avances, decretó un cese del fuego de manera unilateral para facilitar la votación. Esa última actitud permitió al gobierno retomar la Mesa de Quito, suspendida desde enero. El asesinato de centenares de líderes sociales y varias decenas de desmovilizados de FARC es el principal reclamo de defensores de DDHH y movimientos sociales. La situación, dramática por su sistematicidad, es interpretada por sectores mayoritarios de la sociedad como un “mal menor” comparado con las cifras más dramáticas aún de 60 años de guerra sostenida.

Seguramente algo de eso haya influido en la disminución de la ya de por sí abrumadora abstención electoral. Esta vez concurrieron a las urnas cerca de 3 millones más de personas que en 2014, aunque la cifra de abstención se mantiene altísima: más del 51% de los 36 millones de colombianos y colombinas habilitadas para votar no lo hace. En esa cifra inciden diversos factores: el voto no es obligatorio, el Estado sigue ausente en vastas regiones (o presente a través del Ejército y el control militar, sin un correlato de garantías y derechos) y hay una cultura política en sectores del pueblo que no ven que por esa vía algo vaya a cambiar. Una parte de la izquierda armada solía reforzar esos argumentos; aunque en los últimos años ya no lo hace, el abstencionismo sigue firme en más de la mitad de la población del país.

El débil sistema electoral colombiano se complementa con recurrentes denuncias de fraude. Esta vez, la falta masiva de papeletas para votar en las consultas interpartidistas generó una insólita resolución de la Procuraduría Nacional: habilitó a votar con fotocopias. Esto seguramente haya perjudicado a Gustavo Petro en la consulta de su espacio político, ya que gran parte de las autoridades de mesa se negaban a ofrecer al votante la opción de esa consulta. El escándalo aportó, como dato de color, memes y denuncias en redes que comparaban lo precario del sistema electoral colombiano en contraposición al exigente sistema venezolano, que cuenta con voto electrónico y es monitoreado por múltiples veedurías internacionales; sin embargo, es uno de los puntos que acostumbra cuestionar la derecha colombiana con mayor liviandad.

El próximo presidente

La consulta interpartidista fue aprovechada por la coalición de derecha y los progresistas para visibilizar y potenciar sus candidatos. Los casi 3 millones de votos que obtuvo Gustavo Petro en la interna de su sector confirman una proyección que ya se venía palpando en el humor social: es un candidato con posibilidades reales de quedar entre los dos presidenciales más votados y llegar así a una expectante segunda vuelta. Por el lado de la derecha, el candidato de Uribe, Iván Duque, obtuvo cerca de 4 millones superando ampliamente a sus contrincantes, que ahora cerrarán filas en torno a su candidatura.

Probablemente esa sea la dupla que pique en punta en los próximos comicios de mayo por la presidencia: Duque por la derecha pura y dura, Petro por el espacio progresista y democrático.

Las expectativas que genera en amplios sectores populares la candidatura de Petro tiene un sabor a revancha histórica. Cada vez que la izquierda en este país tuvo un candidato con posibilidades de ganar, fue asesinado. Desde el emblemático caso de Jorge Eliécer Gaitán, caudillo liberal cuyo asesinato desató el Bogotazo e inauguró décadas de violencia y guerra interna, pasando por los candidatos de la Unión Patriótica Jaime Pardo Leal (1987), Bernardo Jaramillo(1990) y, en el mismo año, Carlos Pizarro, de la fuerza guerrillera M19 ya desmovilizada y volcada a la política legal (la misma fuerza de la que proviene Petro).

Hace diez días, en el acto de campaña en la ciudad de Cúcuta, su automóvil fue atacado por lo que se supone fueron disparos de arma de fuego que impactaron en el vidrio blindado; la fiscalía prefirió la inverosímil versión de que fueron apenas piedrazos, a contramano de lo que indican otros peritos independientes. El hecho generó indignación, pero no sorpresa, por la historia de violencia política que precede y aún no se desmontó después de los acuerdos con las FARC.

El contexto latinoamericano propone el contagio de gobiernos de derecha, aunque Colombia tiene una particularidad: en las últimas décadas sus procesos políticos lograron una autonomía relativa respecto a lo que sucedía en América Latina. Aquí no hubo dictaduras militares cuando arreciaron en gran parte del continente, no hubo desmovilización de las guerrillas en los 80 cuando eso sucedía en los otros países, y más recientemente tuvo a Uribe de presidente mientras se extendía el ciclo progresista en el continente. En ese marco, el avance de la izquierda colombiana en la gestión institucional, tanto en el Congreso como en la posibilidad de disputar la presidencia, puede ser una grata novedad para la región.