Continúa el Programa para la Prevención de la Reincidencia de delitos de índole sexual en los complejos penitenciarios

Se realiza en todas las unidades penales que alojen a varones, tiene dos años de duración y se ofrece cuando el interno está próximo a la libertad condicional.

A partir de la Resolución 1259/17, se aprobó la nueva estructura de este programa, el cual depende de la Coordinación de Tratamiento del Servicio Penitenciario y está vigente en la provincia desde 2011. Fue traído de España, a causa de numerosos casos mediáticos que surgieron en ese momento relacionados con delitos de índole sexual.

El objetivo general es realizar un tratamiento especializado y centrado en aquellos factores específicos que predisponen a la conducta de abuso sexual, capacitando a la persona para que pueda mantener relaciones sexuales libres de violencia y con parejas adecuadas.

Desde el Servicio Penitenciario explicaron que esta iniciativa tiene una orientación cognitivo conductual, y se aborda a la persona privada de libertad desde lo psicosocial, es decir, se trabaja con pensamientos, emociones y conductas. Por otro lado, se colabora con el ambiente y contexto de la persona, ya que se considera que los delitos de índole sexual están determinados por condiciones psicológicas, sociales y ambientales.

Bases del programa

Tiene una duración aproximada de dos años y se divide en dos etapas: “Toma de consciencia” y “Toma de control”. Estos momentos se determinan por módulos, donde se trabajan temáticas como distorsiones cognitivas, sistema emocional, comportamientos violentos, empatía, mecanismos de defensa. Además, se brindan herramientas que posibilitan que la persona pueda prevenir una nueva conducta y evitar la recaída, identificando por ejemplo factores de riesgo. 

Este importante programa funciona en todos los complejos, con hombres condenados que cuenten con los siguientes requisitos: estar cumpliendo una condena por delito contra la integridad sexual, previsto en el Código Penal; estar a tres años de poder acceder a la libertad condicional; ser varón; no tener causas pendientes; no presentar sintomatología psicótica y no tener enfermedades físicas que puedan requerir asistencia médica especial.

Los encuentros se realizan a través de intervenciones psicológicas quincenales con grupos terapéuticos cerrados de alrededor de 10 personas, pero siempre poniendo énfasis en la individualidad y particularidad de cada integrante. Se prevé realizar estos encuentros de manera semanal, como funcionaba previo a la pandemia.

 “En cuanto a los resultados, podemos afirmar que se producen cambios importantes en las personas y también en su ámbito familiar. Por ello contamos en nuestro equipo no solo con psicólogos y psicólogas sino también con una trabajadora social, quien se contacta con los familiares, acompañando así el cambio terapéutico de la persona privada de libertad. Al día de hoy, quienes finalizaron no han vuelto, esa es la única variable que tenemos para determinar el éxito del tratamiento. Como siempre decimos, el fin es el tratamiento”, afirmaron desde el Área Psicosocial del Servicio Penitenciario.

Talleres motivacionales y de reflexión

El punto de partida para formar parte del tratamiento específico es que la persona privada de libertad tenga la necesidad de realizar un tratamiento para el delito que cometió, se percate que padece un problema y quiera ser tratada como paciente. Para ello, se trabaja también con talleres motivacionales y de reflexión, los cuales apuntan a que esa persona de a poco vaya acercándose a temáticas que están relacionadas con sus propias características o situaciones.

El fin de estos talleres es movilizar interiormente a ese actor, para que finalmente acceda al tratamiento. Se promueve aquí la reflexión y busca informar sobre los factores de riesgo que facilitan la conducta violenta. Algunos de los temas que se tratan son: el rol paterno en la familia, comunicación y escucha activa, ley de violencia de género, y conductas violentas, entre otras problemáticas.

Políticas de prevención

“Este es un programa pensado específicamente para hacerlo en un contexto de encierro, por eso las actividades tienen que ver con esa condición y se aplica la teoría psicológica cognitivo-conductual. En cuanto a abordar esta problemática en las escuelas, por ejemplo, sumaría. Todo lo que sea intervenciones en cualquier institución beneficia, por ejemplo, a través de la asignatura Educación Sexual Integral. A su vez, recomendamos a la familia de la persona privada de libertad que, una vez que finaliza su condena, continúe con un tratamiento psicológico”, mencionaron autoridades del Servicio Penitenciario. 

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