Coronavirus: un abrazo al Durand por las muertes entre los trabajadores de la salud

Reclaman que se cumplan los protocolos de aislamiento e insumos que protejan

Imagen: Enrique García Medina

Los trabajadores del Hospital Durand, nucleados en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), acompañados por personal sanitario de otros hospitales y representantes sindicales, realizaron al mediodía un abrazo simbólico y una vuelta al hospital, ubicado a metros del Parque Centenario, en Díaz Vélez 5044, en el barrio de Caballito. Con la muerte de Julio Gutiérrez a la vista, los reclamos, que se repiten en otros centros sanitarios porteños, se centraron en la escasez de Elementos de Protección Personal (EPP), la demora de la dirección de la institución para dar licencia a los trabajadores incluidos en los grupos de riesgo que define la autoridad sanitaria, y el incumplimiento del protocolo de aislamiento a quienes son testeados y dan positivo por covid-19.

“Basta de muertes por falta de insumos”, “licencia para el personal que forma parte del grupo de riesgo”, y que se cumplan los “protocolos sanitarios”. Los reclamos, básicos y simples, resonaron este martes en la puerta del hospital Durand, donde trabajadores del establecimiento realizaron un abrazo simbólico a la institución para homenajear a Julio Gutiérrez, enfermero del servicio de pediatría, de 52 años y asmático, que falleció hace poco más de una semana tras haber contraído el virus, luego de ser licenciado de manera tardía. El acto se hizo un día después que personal del Hospital Rivadavia recordara y reclamara por la muerte de José Aguirre, un enfermero de ese centro de salud , quien se encontraba internado en el Sanatorio Anchorena por haberse contagiado de SARS-CoV-2, y que falleció el domingo.

“Julio era enfermero del área de pediatría del hospital, y estaba preocupado porque era asmático. Le dieron la licencia después de muchos reclamos. Pero se fue a su casa con el virus y a las dos semanas enfermó y falleció. Murió internado en la terapia intensiva del hospital de Vicente López, porque lo mantuvieron trabajando sin licenciarlo a tiempo”, contó a Página/12 Héctor Ortiz, delegado de ATE en el hospital.

El reclamo por las licencias para el personal de salud que tiene enfermedades preexistentes, o está dentro de la edad considerada de riesgo, es una constante que se repitió durante los últimos meses en otros hospitales, pese a que el decreto 260/2020 y la resolución 207/2020 del Ministerio de Trabajo establecen la licencia de trabajadores incluidos en los grupos de riesgo ante la pandemia.

“En el acto recordamos su muerte y la de José Aguirre, el enfermero del Rivadavia. E insistimos en los reclamos que venimos haciendo desde hace meses por los insumos de de seguridad personal, que son escasos y de mala calidad. Porque los trámites de las licencias son engorrosos, y aunque ahora están accediendo, se demoran, mientras tanto, hay mucho personal con enfermedades, hipertensos, diabéticos, con problemas cardíacos, que si no les dan licencia los condenas a muerte”, explicó Ortiz. Y agregó a la lista de reclamos la falta de personal y un problema “grave” de incumplimiento del protocolo que se debería aplicar al personal testeado.

“El protocolo no se cumple porque no se está aislando a los que dan positivo en el testeo, porque saben que se están quedando sin recursos humanos. Cuando se testea y da positivo, el resultado se tiene que reconfirmar a través de un hisopado. El problema es que mientras esperás la confirmación, seguís trabajando, y al seguir trabajando podés estar contagiando. Es cierto que el hisopado puede dar negativo, pero si da positivo no hay vuelta atrás, ya pusiste en riesgo a otros”, advirtió, y remarcó que “en todos esos casos habría que mandarlos a su casa y aislarlos hasta que esté el resultado confirmado”.

En cuanto a los elementos de bioseguridad, tanto el delegado como otros trabajadores del hospital señalaron que “son de mala calidad”, que los “camisolines no son hidrorepelentes”, que las “escafandras en mucho casos son donadas”, y que los barbijos “duran poco y son escasos”. En este sentido, Ortiz remarcó que “queremos que los insumos pasen por la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), porque muchos no tienen ningún sello y no sabemos de dónde vienen ni que grado de protección pueden dar”.

Al mismo tiempo, advirtieron que un cuello de botella que se presenta es la falta de personal. “Está funcionando la mitad de la terapia intensiva porque, si bien la equiparon con respiradores, habría que incorporar entre 60 y 65 enfermeras para que funcione a pleno la terapia y los otros sectores”, dijo Ortiz.

En la misma línea, el delegado general de la Junta Interna de ATE del Hospital Rivadavia, Rodolfo Arrechea, dijo que “desde que comenzó la pandemia venimos haciendo reclamos por los barbijos, los camisolines, alcohol en gel, y en cada caso, después de que nos plantamos y se visibilizan los reclamos, los insumos aparecen. Pero son de mala calidad”, advirtió. Y agregó que “en Europa, entre el 20 y el 22 por ciento del personal de salud se contagió, aunque ahora bajo al 4 por ciento. Nosotros estamos en aproximadamente el diez por ciento, por eso no podemos permitir la baja calidad de los elementos de protección personal”. Otro tema que señaló es que “la empresa de limpieza del hospital no cumple con el protocolo. Andan sin protección, y si un compañero es contagiado, no aislan a nadie. Y es un sector que anda por todos los servicios, con el riesgo que eso implica”.

Uno de los enfermeros contagiados en el hospital, quien permanece en aislamiento desde hace quince días en un hotel, contó a este diario que en la sala 1, donde se atiende a pacientes con coronavirus, la lucha para “conseguir los EPP eran diarias. Había días en que tenías todos los elementos, y otros que no. Llegaron a trabajar con barbijos que no eran los adecuados a esa área, así como otras veces tenían que plantarse hasta que trajeran los camisolines correctos. Siempre faltaba algo”.

Los reclamos van en línea con el relevamiento que hizo la Asamblea de Trabajadores Residentes y Concurrentes de CABA en los 35 centros de atención de salud porteños, que indica que en el 83% de los efectores, en los que se atienden pacientes con coronavirus, no hay insumos de bioseguridad, en el 51% de los hospitales y centros de salud no se aplican protocolos para el aislamiento del personal.

De acuerdo al delegado, en el Rivadavia tuvieron que exigir que se implementen cuestiones “tan simples como que se habilite un ingreso sólo para los trabajadores del hospital y que no se firme más el ingreso en el departamento de enfermería porque eran 378 enfermeras pasando por un pasillo para firmar una planilla con una birome que en muchos casos se compartía. Y eso se dejó de hacer hace sólo unas dos semanas, pese a que llevamos 92 días de pandemia y llegamos a tener 62 contagiados en el hospital. Y este martes, después del reclamo de lunes, llegaron camisolines que son un poco mejor”.

Para Arrechea, con la curva empinada que se registra en el Área Metropolitana “el jefe de Gobierno de la Ciudad tiene que retroceder a la fase 1, para darle un respiro al sistema de salud y que nos sintamos cuidados. Entendemos que la población está agotada por la cuarentena, pero es un momento donde hay mucha circulación del virus, y si siguen habiendo contagios en el personal de salud no va a haber con quien cubrir los servicios”.

Y agregó: “Ya hay 129 enfermeros con licencias comunes y faltan recursos humanos. Y aunque Ciudad, Nación y provincia vienen trabajando de forma coordinada, y el Ministerio de Salud de Nación tiene el mejor equipo, y el ministro de Ciudad, (Fernán) Quirós, está a la altura de las circunstancias, estas cuestiones siguen pasando en los hospitales porteños. Por eso vamos a hacer acciones relámpago, como salir a la calle unos minutos, porque cada vez que sale una denuncia reaccionan”.

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