La indignación en las redes sociales por el video de un hélicoptero desde el que tiran comida a una comunidad wichi de Las Vertientes, en Salta aislada por las inundaciones del Pilcomayo pasará. También.

Un breve instante que sólo alimenta el morbo de algunos mientras se espera el próximo atropello que se publicará en Facebook. Esa parte del chaco salteño, parece una zona de guerra, y es probable que, si se revisan los protocolos que aplican organismos de refugiados, no se vean muchas diferencias.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, según se dice precandidato a presidente de la Argentina por el peronismo, también se manifestó indignado y dijo que esa situación era “inaceptable”. Pero, los damnificados quieren medidas no palabras: políticas, no comentarios; presencia, si eso fuera posible.

Un informe de la primera semana de marzo que escribió Cristóbal Wallis, historiador (de Oxford), antropólogo, a cargo del programa de educación indígena de Asociana (iglesia anglicana) y vecino desde el 2001 de Santa María, cercana a Santa Victoria Este, permite ver de cerca qué le pasa a los pobladores que viven cerca del Pilcomayo, un frondoso río que nace en Bolivia, pasa por la frontera argentina, y desemboca en el río Paraguay .

Relato del Pilcomayo incontenible

El sábado 3 estuve en Santa María, y en la zona aledaña. A la mañana había visitado hermanos y hermanas wichí y chorote evacuados a escuelas, y el cuartel en Tartagal y Aguaray, a unos 150 km. de la zona: por lo menos mil personas en cada uno de estos pueblos. Estas cifras no tienen en cuenta las familias, especialmente de los criollos, que se alojaron con parientes en estos dos pueblos, y otros contingentes que siguen llegando.

La mayoría de la gente había sido trasladada los días jueves y viernes en colectivos puestos por el gobierno de la provincia. Había gente de Santa María, Santa Victoria, Cañaveral, La Merced Chica, Los Tambores y otros lugares cercanos. Obviamente querían saber de sus familiares que se habían quedado, y en el proceso de evacuación muchos fueron separados de sus propios familiares, ya que diferentes colectivos fueron derivados a distintos puntos de recepción. Así que tuvimos muchos pedidos para averiguar qué había pasado con mi hijo, mi esposo, mis nietos, mis abuelos …

Al ir llegando a la zona afectada ya vimos sobre los costados de la ruta asfaltada, campamentos de los auto evacuados.

A unos 400 metros antes de la entrada a Santa María dejamos la camioneta, ya que el asfalto se había rajado en el punto donde hay un alcantarillado, y no pasaban vehículos, mientras máquinas de la provincia trabajaban para arreglar el camino. De ahí seguimos a pie, los dos kilómetros a la Misión.

La defensa al norte de Santa María resistió bien la embestida del río, así que las casas por ese lado y el pequeño centro criollo estaban todavía sin ser afectadas, aunque muchos de los habitantes se habían auto evacuado. Para llegar al centro de la Misión, pasamos por tierras un poco más altas y ahí también las casas de los wichí estaban a salvo, aunque no todas habitadas. En muchos casos, las mujeres con los niños y los ancianos, se habían ido, dejando algunos varones para hacer defensas de tierra y cuidar sus pocos bienes.

Por el medio de la comunidad corre una cañada que normalmente está seca, pero al llegar cerca vimos que el agua estaba subiendo; un retorno del río, cuyo cauce principal está a más de dos kilómetros. En esta parte de la comunidad, mucha gente ya se había ido y llamó la atención el triste aullido de los perros vagando por ahí, buscando sus dueños, ante el avance de las aguas.
A nuestra casa también llegaron las aguas, y aunque a la tarde del sábado todavía estaban de pie las paredes, a la noche, una de las paredes de adobe se cayó.

A la tardecita, cuando volvimos a buscar la camioneta, encontramos que las aguas ya estaban pasando por encima de la ruta y la fuerza del agua que pasaba por debajo del puente en la entrada a Santa María, fue para temer. Comenzamos el regreso a Tartagal, pero en el camino paramos en dos campamentos. En el primero, en la entrada a la comunidad de Curvita, estaban alojados en carpas de plástico los evacuados de esta comunidad, que fue totalmente inundada, y se terminó sacando la gente en lanchas. En el momento de nuestra visita el campamento todavía estaba bastante precario, y luego se añadieron más evacuados de Monte Carmelo.

El lunes último, un grupo de pastores visitó la zona, e informaron que las autoridades han instalado grandes carpas blancas para la asistencia. Para hoy se calculaba una población de 1000 personas en este campamento. El segundo, en el paraje de El Rosado, fue organizado por el Ejército, y albergaba la gente en grandes carpas militares:

La primera comunidad y la más afectada ha sido La Curvita, después El Cruce, que está en la entrada a Santa María. Después de nuestra visita el sábado, sabemos que Monte Carmelo, al norte de La Curvita, ha sido inundado, seguido por La Puntana, cuando las defensas en el límite con Bolivia se derrumbaron. Muchos puestos criollos dispersos en el monte también han sido afectados, y otros parajes a lo largo de la cañada El Ñato.

Es difícil imaginar el inmenso volumen de agua que se ha rebalsado del río y ahora corre por el monte, por viejos cauces, llenando todo espacio bajo, y siguiendo por kilómetros y kilómetros.

El domingo se cortó el camino entre Santa María y Santa Victoria, y los caminos más allá de Santa Victoria están todos cortados y por lo tanto, a los lugares como Misión La Paz y Las Vertientes, solamente se puede llegar por vía aérea. De Misión La Paz algunos han buscado refugio por el lado paraguayo, pero milagrosamente las aguas no han entrado en la Misión.

Estos últimos dos días hemos estado visitando los refugiados aquí en Tartagal y Aguaray. Siguen las preocupaciones por localizar sus familiares e, inevitablemente, el deseo de volver cuanto antes a sus respectivos lugares. En nuestra zona el río está bajando, pero, desde las autoridades siguen los temores de nuevas lluvias en la cuenca alta del Pilcomayo que podrían volver a provocar nuevas inundaciones.

La falta de coordinación en la ayuda

Si bien se están haciendo grandes esfuerzos para responder a esta emergencia, tanto desde el estado como de instituciones y personas privadas, existe una falta de coordinación, haciendo que no todos los que están cooperando tengan la información que requieren para cumplir con su tarea; y que hay baches importantes en el suministro de los necesarios recursos materiales.

En Tartagal, la Confraternidad de Pastores está buscando unir las iglesias para juntar y canalizar provisiones y otros artículos necesarios. La Fundación Asociana está cooperando con esta iniciativa y, al mismo tiempo, con los facilitadores del Programa Nacional de “Primeros Años”, ya que son ellas/ellos que están en los lugares de los evacuados y pueden detectar las necesidades que no están siendo cubiertos por otros organismos.

Las necesidades mayores se encuentran en los lugares de recepción de los evacuados en esta zona (Tartagal y Aguaray), más que en el Pilcomayo, donde se está destinando gran parte de la ayuda del estado. Aquí la gente está fuera de su propio hábitat, amontonada en espacios reducidos y sin la posibilidad de salir y pasear en el monte. Están en territorio ajeno y quieren volver cuanto antes a sus propios lugares. Algunos se sienten casi como presos. Y mucha de la ayuda depende de fuentes limitadas locales.

Dos vías para la solidaridad

Para el envío de provisiones y otros artículos necesarios, favor de hacerlos llegar a: Templo de la Iglesia Asamblea de Dios,
Calle Cnel. Vid 571, 4560 Tartagal, Salta.

Para aportes en dinero, se abrió una cuenta en el Banco Nación
Caja de Ahorro N°: 34705148083250
CBU: 0110514830051480832501

Las principales necesidades que no están siendo cubiertas en los lugares que están recibiendo los evacuados son las siguientes, algunas de las cuales necesariamente deben ser compradas localmente: artículos de limpieza: desodorante para piso, bolsas de residuos, lavandina; artículos de higiene: papel higiénico, jabón en polvo, jabón tocador, shampoo, pañales y pañalines, mamaderas; chancletas; bombillas (¡para tomar mate!!); alimentos: zanahoria, tomates, cebolla, papa, carne molida o blando, pan en tira, te en saquitos; agua mineral y agujas para tejer crochet.

Muchos quieren enviar ropa pero ya hay varias pilas. Sí se precisa ropa de lana o hilo que las mujeres puedan destejer para luego, según su costumbre y gran habilidad, volver a hilar y convertir ese hilo más nítido en las hermosas bolsas que saben hacer.

Cualquier donación, en especie o en efectivo, deberá ser comunicada a Claudia Lungu. Su correo electrónico es: luncel@yahoo.com.ar y su número de WhatsApp es: +54 9 3873 650273

En medio de toda esta dramática situación, hemos escuchado de los wichí palabras que muestran una búsqueda de comprender la voluntad de Dios en lo que les está pasando. Y varias personas, en vez de pedir cosas, dijeron: “Is chik wichi tichun n’okwehen” – “qué la gente piense en nosotros”. Iwuk, p’altsene wichi tä lefwitahayaj ihi wet käsyenlawetha lhamel!

*La autora es periodista, especialista en Pueblos Indígenas, Socioambiente y Campesinado. Twitter: @Albafwa