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El 11 de octubre de 1976 la catequista Fátima Cabrera fue detenida junto al cura irlandés Patricio Rice. Ambos estuvieron secuestrados en lo que se conoció mucho tiempo después como Garage Azopardo, el centro de detención, tortura y exterminio que funcionó en la Ciudad de Buenos Aires en la manzana delimitada por Azopardo, Chile, Ingeniero Huergo y México, entre octubre de 1976 y enero de 1977 en dependencias de la Policía Federal.

Rice fue liberado por presión de la Embajada de Irlanda y expulsado del país, Fátima, en cambio, pasó a ser prisionera en la Cárcel de Devoto. Ocho años después se reencontraron en Venezuela, formaron una familia y fueron padres de tres hijos. Ella docente, él activista de derechos humanos, continuaron sus vidas a pesar de haber sido víctimas del terrorismo de Estado perpetrado en la última dictadura cívico militar. Lleva en su cuerpo las heridas, en su mente los espantosos recuerdos y en su piel el tiempo del dolor de una juventud arrebatada. A cuarenta y tres años de haber sido torturada, sus heridas siguen abiertas en busca de memoria, verdad y justicia.

-¿Se puede decir que es una sobreviviente de la dictadura?
-Asumimos que somos sobrevivientes del terrorismo de Estado, después de haber permanecido secuestrada en lugares tan tremendos, que eran lugares de tortura y de secuestro, que por otro lado eran edificios públicos. Garage Azopardo fue el primer lugar donde estuvimos y lo pude reconocer recién en 2010, un mes después de que falleció Patricio. Ni siquiera pudimos llegar juntos a saber cuál era el lugar en el que habíamos estado secuestrados. Después de ahí nos pasaron a Superintendencia que era Coordinación Federal. Hoy soy querellante por mí y por Patricio. En diciembre pasado empezó el juicio, estamos en pleno proceso hoy, después de cuarenta y tres años. Para mí, es un momento especial, pasaron muchos años pero al fin llegamos a esto.

-¿Y cómo fue aquel momento en que la secuestraron?
-Tenía 18 años, estaba con Patricio en ese momento. Mis comienzos fueron en una iglesia de base, en el contexto del movimiento de sacerdotes para el tercer mundo. Cuando tenía 13 años ya era catequista del padre Carlos Mujica en la villa de Retiro. Después me mudé a Soldati porque ahí habían radicado parte de la villa. En esa época, en cualquier ámbito que estuviéramos, ya sea estudiantil o en los barrios, en este caso de la iglesia, había una participación muy activa. El 11 de octubre de 1976 nos secuestraron a Patrico y a mí saliendo del barrio, nos llevaron a la comisaría 36. A partir de esa noche empezaron a golpearnos primero en la misma comisaría y de ahí nos llevaron en un Falcon. Cuando llegamos en seguida nos vendaron, nos pusieron una capucha y empezó lo que fue la tortura más tremenda que uno pueda imaginar.

-¿Estaba con Patricio en ese lugar de detención?
-Con Patricio siempre estuvimos juntos en Garage Azopardo. Era un garage de la policía, estábamos a varios metros de distancia pero uno en una punta y el otro en otra, prácticamente solos. El lugar lo pude reconocer muchos años después: allí se cometieron las mayores torturas, los más terribles interrogatorios. Hacían, por ejemplo, las prácticas de submarino con las que ahogaban a Patricio. Nos torturaban prácticamente juntos, eso fue terrible para los dos.

Patrick y Fátima fueron secuestrados juntos. Siete años después de aquel fatídico día y en Venezuela, se reencontraron y formaron una familia. 

-¿Se puede sobrevivir con esos terribles recuerdos?
-Si bien la tortura se veía de forma tanginble, fue muy difícil para nosotros demostrarla porque la tortura también la llevamos por dentro, yo tuve episodios tremendos, muy traumáticos. En los partos de mis hijos por ejemplo, recién en el nacimiento de mi tercera hija lo pude empezar a elaborar y darme cuenta por qué se producían ciertos episodios. Cuando nos torturaban nos ponían como en una especie de camilla, entonces ya la posibilidad de estar en una situación similar, era demasiado traumático, hoy si me tienen que operar también me pasa. Fui descubriéndolo de a poco, no me daba cuenta al principio. Varios de nosotros empezamos terapia muchos años después. El hecho de ser sobrevivientes, a nosotros nos llevó a pensar que había que seguir la vida como podíamos, y lo mejor que nos podía pasar era tener una familia porque a mí cuando me torturaban me decían que era para que no tuviera hijos. Era una tortura física y psíquica.

-¿Formar una familia después fue como continuar con la vida?
-La posibilidad de tener hijos después de vivir eso fue increíble. Hoy tengo mi primera nieta y eso es muy fuerte porque nos quisieron exterminar, y lo decían. No era solo a nosotros: también a una próxima generación. Por eso el terrorismo fue sumamente perverso y un atentado a la vida. Somos una generación que quedó muy marcada.

-Le decían que la torturaban para que no tuviera hijos, ¿era todo aún más cruel con las mujeres?
-No sé si era porque era jovencita, pero yo siempre noté, que más allá de que las torturas y todo lo perverso lo vivimos tanto hombres como mujeres, a mí siempre me quedó que por ser mujeres era más aún todo lo que sentíamos, no sólo por el acoso sistemático y las burlas permanentes, las vejaciones, las violaciones, todo era doblemente doloroso. Costó mucho que las mujeres habláramos, antes no se hablaba de eso. Es un paso adelante que ahora las fiscalías nos pregunten a las mujeres si queremos que se sigan esas investigaciones porque en la mayoría de los casos hubo vejaciones y violaciones. También hubo sentencias por las violaciones, son pocas todavía pero ya es algo que se pregunta en los juicios y es algo que me parece fundamental. Se especifica todas las cuestiones de género y se van a seguir investigando en el marco de lo que fue el terrorismo de Estado.

Fátima, en la puerta de Comodoro Py: es querellante en la causa en la que se investigan los crímenes perpetrados en Superintendencia. ( Foto: Jonatan Moreno, Diario Crónica)

-Se cumplen 43 años del Golpe de Estado. ¿Qué significan para usted los conceptos de Memoria, Verdad y Justicia?
-Memoria para mí es seguir trabajando no solamente para que no se olvide todo lo que sucedió sino para que tengamos muy claro lo que no se debe, lo que debemos defender, que nadie debe avasallar a otros y menos llegar a crímenes de lesa humanidad con la impunidad que se cometieron. Vivimos en un mundo cada vez más complejo y seguimos teniendo una alerta muy grande porque no sabemos si puede volver a suceder. Tal vez en un momento pensábamos que por fin íbamos a vivir épocas mejores pero lamentablemente estos últimos años no nos están diciendo eso.
La búsqueda de la verdad continúa porque hay 30.000 desaparecidos. Gracias a un gran trabajo de los organismos, de los antropólogos y de las mismas víctimas que siguieron investigando se pudo llegar a la verdad y a los restos de muchas de las personas pero aún falta mucho. Fue el mismo Estado, toda esa información estaba, dónde están los nietos de Abuelas, hay muchos más y no sabemos cuántos. También creo que la verdad la tenemos que seguir buscando en los diferentes ámbitos que se involucraron porque no fueron solo los militares, hubo civiles, del ámbito eclesiástico, del empresarial como el caso de Ford que salió hace poco, donde por primera vez se logra dar un dictamen a una persona del empresariado. Por eso es necesaria la verdad, tiene que saberlo todo el mundo y como pueblo tenemos que tener esa posibilidad de exigir la verdad.

Fátima y Patrick, juntos. Dos sobrevivientes.

Y la verdad va acompañada de los juicios. Como país somos uno de los pocos sino es el único que ha tenido esa continuidad después de tantos años con los juicios. A pesar de todo lo que nos pasa, hay un límite en la sociedad y son los derechos humanos. Cuando se quiso aplicar el 2×1 y las madres convocaron, todo el mundo salió con el pañuelo blanco y fue contundente. Hoy hay un poder muy grande, en los medios y en la manera con la que se manejan ciertas cuestiones, por eso se atenta tanto contra la educación y la cultura porque creo que tener mayor posibilidad de educación y poder expresar la culturahace que todos podamos tener mayor conciencia. Entonces para mí la memoria, la verdad y la justicia e. lo que no debemos abandonar, es el camino que hay que profundizar para que podamos ver con más claridad lo que nos sucede. Como pueblo tenemos mucho para rescatar de lucha pero también mucho para revisar y seguir profundizando. pero estamos de pie todavía.