Cuidados en tiempos de aislamiento: una tarea que todos/as debemos asumir

La cuarentena para evitar la propagación del coronavirus evidencia el valor de las tareas en el hogar y la importancia de distribuirlas equitativamente para evitar recargarlas sobre las mujeres.

En las últimas semanas han tomado mayor relevancia las problemáticas del trabajo doméstico y las tareas de cuidado, las cuales vienen siendo abordadas por intelectuales y organizaciones hace muchas décadas. El aislamiento social obligatorio pone en evidencia que cocinar, lavar, limpiar y cuidar realmente son labores que representan una carga. Con esto, se ha posibilitado que reclamos históricos en torno a esta temática entren en escena, como es la necesidad de darle entidad de trabajo a estas tareas, teniendo en cuenta la ausencia de remuneración y su reparto inequitativo.

Pero, ¿qué es el trabajo doméstico o qué se entiende por trabajo doméstico? Históricamente se lo ha asociado a roles de cuidado dentro de la familia brindado mayormente por madres, abuelas, hijas, es decir, mujeres. Podemos decir que hoy constituyen trabajo doméstico todas aquellas tareas que se realizan dentro del hogar para lograr y mantener su habitabilidad  o cohabitabilidad (si son varias las personas que conviven), como pueden ser el aseo de los espacios, lavado de ropa, compras, cocinar, e incluso el cuidado de niñas/os, ancianas/os, personas con discapacidad o personas enfermas.

A pesar de los movimientos y las iniciativas estatales para lograr la igualdad, este trabajo continúa delegándose en mujeres y hasta la actualidad se mantiene sin remuneración alguna. Según cifras de la ONU, en un 75% de los casos las tareas domésticas recaen sobre las mujeres. Esta situación no hace más que contribuir a la brecha ya existente.

Como sucede en la mayoría de los temas que se vinculan con ámbitos domésticos existe una complejidad para sacarlos de la intimidad del hogar y comenzar a debatirlos en sociedad. Lo que no se esperaba es que el contexto social, y por ende sus discusiones, ingresaran intempestivamente a ese espacio reservado a la intimidad de las personas, y mucho menos de la mano de una pandemia.

Con la obligatoriedad del aislamiento y el aumento del tiempo de convivencia, quienes hace tiempo reclaman la consideración de estas tareas como trabajo en los términos de fuerza productiva, han podido demostrar la importancia y el valor que representa el trabajo doméstico y quienes lo realizan. Las personas que asumen estas tareas invierten no solo tiempo y esfuerzo personal, sino que también lo restan a otras dimensiones de su vida, como pueden ser los ámbitos profesionales, estudios, el cuidado personal, etc; y quienes se benefician de sus resultados además cuentan con mayor disponibilidad para el desarrollo de la vida fuera del hogar.

En el momento que estamos viviendo, es preciso que tengamos en cuenta esta problemática para entender cuál es la carga que depositamos en quienes conviven con nosotros/as y para lograr distribuir de una manera más equitativa las responsabilidades evitando recargarlas sobre las mujeres.

Algunas recomendaciones para los días que quedan

  1. Darle valor a las tareas y el tiempo que ellas demandan. Para que el esfuerzo personal y el de los/as demás pueda ser apreciado, es preciso que quienes  conviven acuerden cuál es el trabajo, qué implica la tarea, teniendo en cuenta las posibilidades de cada persona.
  2. Hacer una lista de las tareas que demanda mantener el hogar en condiciones de habitabilidad, y establecer un orden en relación a la importancia y prioridad de las mismas.
  3. Eliminar estereotipos de género en las tareas. Es importante romper con aquellos preconceptos que asignan tareas en función del género, considerar a las personas con las mismas posibilidades de hacer y aprender a hacer.
  4. Distribuir equitativamente el tiempo con hijos/as.
  5. Tener presente los horarios. En el caso de convivir con personas que estudian, trabajan, ya sea fuera o dentro del hogar, o que tengan alguna ocupación durante el día, deben procurarse espacios de ocio y descanso en los cuales todos/as estén disponibles.
  6. Evaluar los acuerdos. Empezar siempre es bueno, y es probable que con el tiempo surjan nuevos aspectos a tener en cuenta que ayudarán a mejorar la distribución de tareas y la comodidad de todos/as. Repensar las estrategias y repensarnos ayudará a sentirnos más cómodos/as y a mantener el bienestar de nuestro hogar.
#YoMeQuedoEnCasa

Carla Bresca
Abogada, UNCuyo.

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