Dos proyectos buscan multiplicar la población de insectos «benéficos»

– «GUARDIANES DE MARIPOSAS» Y «CAZADORES DE VAQUITAS»

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Los cambios en el uso del suelo a través de la ganadería, los cultivos, la deforestación y el uso de insecticidas hicieron caer su reproducción. Dos iniciativas bonaerenses intentan recuperarlos por su función en el ecosistema como polinizadores y controladores de plagas.

POR NAHIR DEL BUEY

Foto Daniel Dabove
Foto: Daniel Dabove

«Guardianes de mariposas» y «Cazadores de vaquitas» son dos iniciativas de vecinos de la provincia de Buenos Aires que crían insectos considerados «benéficos» para la naturaleza y la vida humana por su función en el ecosistema como polinizadores y controladores de plagas, que se suman a proyectos como el del INTA dedicado a la cría de coccinélidos en Mendoza.

Agustina García Pena y Mery Surmani, líderes del grupo Guardianes de mariposas, convirtieron sus jardines del partido de Vicente López, en el norte del conurbano, en un refugio para esos insectos con plantas nectaríferas, otras hospederas y la construcción de mariposarios.

Todo comenzó cuando García Pena, que es maestra de jardín de infantes, recibió en la escuela en que trabaja la visita de especialistas en el tema que le dejaron mariposas disecadas.

Foto Ramiro Gmez
Foto: Ramiro Gómez

«Tenían un tupper con orugas de la especie monarca (mariposa de colores naranja y negro y de mayor tamaño), me dejaron tres y un plantín de asclepia que es una planta hospedera en la que dejan huevos y después se alimentan. Averigüé en distintos viveros y me compré cuatro plantas más. Y ahí empezó el descontrol», contó Agustina a Télam en su casa.

El trabajo de Mery, su vecina, que llenó el jardín lindero con plantas para atraer a las mariposas y que puedan alimentarse, completó la propuesta.

Luego, ambas armaron el primer mariposario de forma casera, con un cajón rodeado de tul y empezaron a compartir en las redes lo que sucedía.

«Mucha gente nos empezó a preguntar cómo tenían que hacer para criarlas y comenzamos a profundizar el proyecto», recordó Agustina.

El trabajo de estas jóvenes consiste en «observar las plantas, esperar a que el huevo eclosione y cuando detectamos a las orugas las preservamos y criamos en el mariposario, dejando que algunas sigan su ciclo de forma natural porque forman parte de una cadena alimentaria, y una vez que se convierten en mariposas las liberamos».

Foto Ramiro Gmez
Foto: Ramiro Gómez

Lucas Garibaldi, doctor en Ciencias Agropecuarias e investigador del Conicet, aseguró que la disminución en el ambiente de los «insectos benéficos se debe al cambio de uso del suelo; es decir, la forma que llevamos adelante la ganadería, los cultivos, la deforestación sumado a los insecticidas que los matan directamente».

«Los insectos benéficos contribuyen a la naturaleza y a la vida humana ya que el 70 por ciento de los cultivos y más de 28.000 plantas medicinales en el mundo dependen de los polinizadores como abejas y mariposas», afirmó Garibaldi en diálogo con Télam.

Desde su experiencia, Mary sostuvo que «de forma silvestre solamente el 5 por ciento de las mariposas sobrevive debido a huevos que no prosperan, orugas que son depredadas por arañas, hormigas y avispas o crisálidas que son parasitadas».

Además, aclaró que «la monarca vive entre cinco y nueve meses, y entre que ponen el huevo y nace es un período entre 25 y 30 días», derribando la creencia de que esos insectos duran 24 horas.

Con respecto a su proyecto, Agustina destacó que «ya liberamos 670 monarcas, 60 espejitos (naranjas y negras pero de menor tamaño), una limonera (amarillas y negras) y estamos criando la limoncito (de tono amarillo suave y tamaño pequeño)».

Foto Daniel Dabove
Foto: Daniel Dabove

Las jóvenes aseguraron que cualquier persona puede criar mariposas y que la clave «es armar el jardín en la terraza o hasta en el balcón, ya que registramos visitas de mariposas en un piso doce».

Rocío Ocampos, directora de la escuela rural nº44 «Provincia de Salta», ubicada en la localidad de Olavarría, montó junto con sus alumnos de primaria un criadero de vaquitas de San Antonio, cuya denominación científica es coccinélidos, a través del proyecto «Cazadores de vaquitas».

«En 2019 tuvimos una invasión de vaquitas dentro del salón y en el patio, lo que nos llevó a investigar en Internet. Vimos que su ciclo de vida era similar al de una mariposa y que una de ellas podía comer miles de pulgones en una temporada», detalló la docente a Télam.

Fue entonces que los chicos decidieron «ponerse el traje de científicos» y salir al patio de la escuela en busca de respuestas.

La preservación de los insectos fue difícil en los meses de invierno porque las vaquitas necesitan tener una temperatura mayor a 20 grados, por lo que fue vital el calor que aportó una salamandra.

«Nos dimos cuenta que el calor de la salamandra que subía a la altura donde ellas se refugiaban les permitía pasar el período invernal en estado adulto para poder dar vida a la próxima generación, en el proceso llamado letargo donde parecen muertas pero no lo están», explicó Ocampos.

Con ese desafío surgió Cazadores de vaquitas. «Tuvimos que agarrarlas, meterlas en frascos o bandejitas de plástico cubiertas de papel film y orificios, y alimentarlas con pulgones que se encontraban en la plantas y ver cómo era el proceso, desde cuando pone el huevo hasta hacerse pupa», detalló la directora.

Foto Ramiro Gmez
Foto: Ramiro Gómez

Con el proyecto los alumnos de seis, siete y doce años «empezaron a criarlas en sus casas para liberarlas en sus huertas y en la del colegio, ya que hacen lo mismo que el insecticida pero le lleva más tiempo», remarcó Ocampos sobre la importancia educativa que tuvo la iniciativa.

«Los coccinélidos son depredadores que mastican a los insectos de cuerpo blando convirtiéndolas en una herramienta de control biológico de plagas, viven 30 a 60 días y una adulta pone entre 20 y 22 huevos por día», indicó Carla Chiandussi, ingeniera agrónoma del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de la Estación Agropecuaria La Consulta, ubicada en la ex ruta 40, en Mendoza, donde se crían vaquitas de San Antonio.

Chiandussi junto a Silvina Panonto, integrante del mismo proyecto, impulsan también la cría casera de esta especie desde 2018, y realizaron pequeñas liberaciones de estos insectos.

«Lo fundamental ante las liberaciones es que haya una biodiversidad de plantas garantizando así la presencia de presas», dijo la especialista, que planteó el desafió de modificar la metodología de agro producción para que aumente la población de estas especies.

Cuando «el productor ve un pulgón y aplica un agroquímico desarrolla una actividad comercial pero hay que apuntar a otro tipo de agricultura, aunque no es una solución instantánea», apuntó.

En ese línea, Ocampos sostuvo que como la escuela rural tiene contacto directo con la naturaleza «el proyecto educativo tiene como objetivo la conservación y reproducción de la especie para la concientización del cuidado del ambiente utilizando las vaquitas para disminuir el uso de agroquímicos».

Por su parte, Surmani remarcó la importancia de las liberaciones de mariposas porque «son los segundos polinizadores más importantes del planeta» e insistió en la necesidad de «generar el ambiente para que puedan repoblarse; generar corredores biológicos, que son espacios donde puedan habitar».

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