Poco más de nueve meses estuvo en libertad el ex mandatario, de 80 años, quien cumple una condena a 25 años de cárcel por delitos contra la humanidad y corrupción. Pero sus días fuera de la prisión se acabaron, decisión que hizo que se descompensara dos veces, por lo que fue internado en una clínica de Lima.

Desde el centro médico, Fujimori rogó a las autoridades judiciales y políticas que no permitan que muera en la cárcel. “Quiero decirles a las autoridades y a los políticos que, por favor, no me usen como arma política, porque ya no tengo fuerza para resistir. Quiero pedirle al presidente de la República, a los miembros del Poder Judicial una sola cosa: por favor, no me maten. Si regreso a prisión, mi corazón no lo va a soportar. Está demasiado débil para pasar por lo mismo. No me condenen a muerte, ya no doy más“, suplicó.

Su peor viaje

Al justificar la decisión de anular el indulto humanitario, el juez Hugo Núñez tuvo en cuenta una “escapadita” que hizo Fujimori. “Si estaba tan enfermo, por qué solicitó permiso para ir a la Reserva Nacional de Calipuy, ubicada en Santiago de Chuco en La Libertad, a seis horas de viaje desde la ciudad de Trujillo y a 4.000 metros sobre el nivel del mar”, detalló el magistrado.

La respuesta de Alejandro Aguinaga, el médico del ex mandatario, no tardó en llegar. “Él no está postrado, está comprometido con su salud. Están buscando un argumento alejado de la medicina”, dijo y agregó que Fujimori “puede transitar bajo severas medidas de control sanitario”.

Por último, aclaró que cuando viajó a la reserva “no es como lo presentan, a 4.000 metros de altura”, sino que “llegó máximo a los 600 metros”.