Ganadería difundió recomendaciones para evitar el estrés calórico en animales


Se trata de un conjunto de cambios fisiológicos y de comportamiento que pueden provocar la merma en la producción, menor fertilidad y hasta la muerte. Algunas medidas tienen que ver con crear espacios de sombra adecuados, proporcionar agua fresca, limpia y abundante, y evitar los encierros de animales. 

El Ministerio de Economía y Energía, a través de la Dirección de Ganadería, emitió un comunicado con recomendaciones a tener en cuenta para evitar el estrés calórico de los animales. 

A las altas temperaturas que se vienen registrando se sumó el pronóstico de días más calurosos. Por esta razón, desde la cartera económica provincial recomiendan tomar medidas para evitar efectos negativos como la merma en la producción, la disminución de la fertilidad y hasta la muerte de los animales. 

Sobre el tema, Eduardo Naldini, secretario técnico de la Dirección de Ganadería, remarcó que, en general, todas las especies sufren esta problemática pero una de las más afectadas es la bovina. “En Mendoza se desarrolla en dos áreas muy diferenciadas que son bajo riego, donde generalmente el animal cuenta con espacios de sombra para resguardarse, y de secano, que representa cerca del 70% de la producción en la provincia”, dijo. 

Consultado Naldini sobre cómo impactan las altas temperaturas en los animales, destacó que “siempre que hay extremos de temperatura, donde no solo las altas son elevadas sino también las mínimas, los animales bajan mucho la producción y su fertilidad. Los rodeos de cría necesitan que las vacas se preñen para producir terneros y, ante el incremento de la temperatura, esto se ve reducido considerablemente”.

“El problema del estrés calórico en los animales se da principalmente por las decisiones del ser humano. El mayor error es encerrar a los animales al momento de ser hidratados y es allí donde se producen los problemas, ya que las vacas no solo se amontonan, sino que además pasan de un día para el otro sin tomar agua y al momento de hacerlo lo hacen de golpe. Es allí donde puede haber intoxicaciones porque el agua tiene mucha concentración de sal, como ha ocurrido en muchos casos”, explicó el secretario técnico de la Dirección de Ganadería. 

“Cuando se traen animales de afuera, se corren riesgos muy altos. Esto se debe a que nuestros campos, al ser áridos, son muy extensos. Al momento de ser liberado el animal, es de su naturaleza recorrer grandes extensiones con la intención de reconocer el ambiente donde se encuentran y es allí donde nos encontramos con un animal que al hacer la recorrida sufre el golpe de calor y, en muchos casos, termina muriendo”, agregó el funcionario. 

Por otro lado, Naldini recordó la necesidad de recorrer las aguadas y los molinos para que no falte este vital elemento y recomendó mantener los bebederos limpios y adecuados con agua que no esté estancada. 

 Finalmente, destacó la importancia de contar con espacios de sombra, “ya que es sumamente favorecedor para el animal y para un mejor rinde para el productor”. 

Sobre el estrés calórico 

Se trata de un conjunto de cambios fisiológicos y de comportamiento que se desencadenan en los animales expuestos a ambientes con temperatura muy superiores a las que están acostumbrados y que se ve reflejado en la disminución de la eficiencia productiva. 

Los signos que se observan con mayor frecuencia en el ganado bovino son aumento de la frecuencia respiratoria, consumo de agua y búsqueda de sombra. Si las temperaturas se incrementan y las condiciones estresantes se agravan, comienza a observarse una disminución de los desplazamientos, reducción del consumo de alimentos, disminución del tiempo dedicado a rumia y descanso, jadeo, salivación excesiva y protrusión de la lengua. 

Para estimar la severidad de las condiciones de estrés calórico a las que se encuentra expuesto un animal, es de relevancia contemplar no solo la intensidad del índice de temperatura y humedad (ITH) sino también la duración (cantidad de días con ITH superior a 75) y la frecuencia de exposición a esas condiciones (cada cuánto tiempo se repiten las olas de calor). 

Para que un animal expuesto a condiciones de estrés térmico pueda perder el calor acumulado a lo largo del día y recuperarse, se estima que la temperatura debe descender por debajo de los 21°C en la noche durante al menos seis u ocho horas. 

Factores propios del animal (edad, color y largo del pelo) también influyen en la susceptibilidad al estrés calórico. Los animales de pelaje negro y en etapas de terminación son los más propensos a sufrir ante elevadas temperaturas, entre ellos los más perjudicados son los más engrasados. 

El tipo de alimentación también se relaciona con el riesgo de golpe de calor. El pastoreo de festucas tóxicas u otras pasturas infectadas por hongos productores de toxinas denominadas ergoalcaloides, así como la administración de raciones hipercalóricas, incrementan el riesgo. 

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