“Llegué a ‘Sueño Florianópolis’ porque Ana Katz, la directora, me debe de estimar, porque en cine protagonicé muy poco. Ana me conoce y valora mi manera de actuar”. Así arranca Gustavo Garzón hablando de su último proyecto cinematográfico.

Con una honestidad que se escucha y lee poco en el ambiente, el actor se reconoce en sus virtudes y defectos, siempre genuino, porque asegura en charla con DiarioShow.com que es la única manera de poder “ser alguien más” cuando le toca actuar.

Las anécdotas sobre este filme, que estuvo en cartelera de cine en las primeras semanas del año, no terminan allí. “Tuve que dejar una obra de teatro que estaba haciendo y renunciar a bastante dinero, me perdí una gira nacional de ‘Casa Valentina’, pero no dudé un segundo, porque uno tiene que hacer las cosas donde esencialmente llama el corazón. Es muy bueno cuando aparece una oportunidad en la que uno puede ser feliz y trabajar a gusto con gente amiga en una producción tan importante”, contó.

Escena de la película  “Sueño Florianópolis”.

Si bien en el medio los actores y actrices podrían tener diferentes trabajos al mismo tiempo y pasar por diferentes “vidas”, en un tono más pesimista, pero realista Gustavo exclama que “si por mí fuera, filmaría dos películas por año y haría teatro viernes, sábado y domingo. Me encantaría. Pero es casi imposible hacer siempre lo que te gusta. Y eso de que las cosas te sirven como currículum para lo que viene es ilusión. Varias veces me ilusioné, como que ‘a partir de esto podría…’ y nunca pasó. Es un azar. Si la película revienta, como Darín con ‘Nueve reinas’, que entró en España y se convirtió en un éxito, puede ser, pero es un milagro”.

Buscavidas

Para contradecir a aquellos que suelen engrandecer la profesión, a veces con soberbia, Garzón indica que en realidad, “el actor es un ‘busca’, porque no tenés nada asegurado. Cada dos meses tenés que ver cómo seguís. El empleado o el comerciante más o menos tiene la vida organizada. Pero a vos a cada rato te cambian horarios, compañeros, plata. Estás un año sin trabajar, al año siguiente sos el actor más rico de la Argentina. Te llaman todos y después nadie. Lo nuestro es insólito. Por eso hay que estar siempre en el eje, para no confundirse: ni sos el mejor ni el peor. Ya no espero que nadie me ofrezca nada. Siempre parto de la base de qué puedo inventar. Si me ofrecen un laburo, genial. Y también sé de qué lugares no me van a llaman nunca más, porque hace diez o quince años que no trabajo”.

“El actor es un ‘busca’, porque no tenés nada asegurado. Cada dos meses tenés que ver cómo seguís”.

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Suena fuerte el comentario de la prohibición, pero tampoco es algo que lo deje intranquilo. “Pasó con alguna productora de contenidos, pero yo cometí algunos errores en cuanto a mi conducta, mi rebeldía y mi manera de expresar mis molestias. Entiendo que algunos quizás no quieran volver a contratarme. Pero otros sí. Nunca dejé de ser quien soy y tengo un problema con la injusticia. Me cuesta caretear, cuando estoy incómodo se me nota y nadie quiere tener un empleado con cara de culo que no se ponga la camiseta y que se esté quejando todo el tiempo. En algunos momentos fui así y eso se paga”.

Gustavo Garzón (Villan/Diario Crónica)

La fortaleza de la que habla Gustavo tiene que ver con que “por esas situaciones sabés que con eso no puedo contar más. Entonces te preguntás ‘¿Qué armas tengo, ¿qué potencial tengo?’. Y yo, confío en mí como artista. Todas las cosas que inventé las vendí, todas se hicieron, mi programa de televisión se hizo, mi película también, hice un documental. Sé que cuando encaro algo, lo concreto, si el país me lo permite”.

Crisis

Al tirar la línea del país, Garzón no pierde el hilo y rápidamente toma posición para analizar la actualidad argentina. “Cuando la economía está mal, lo primero que se resiente es el entretenimiento. Ahora bajó la cantidad del público en el teatro, hay menos películas, menos ficción. Se achicó mucho el ámbito laboral. La temporada de verano también fue mala”.

Ante esta situación, declara que la mejor manera de combatir es seguir haciendo: “En vez de tener un trabajo tranquilo quizás tenga cinco. Hago lo que puedo para seguir sosteniendo. Doy clases, hago teatro y ahora microteatro. Estoy asustado y preocupado por la situación, porque los gastos fijos, los imprescindibles, son impagables. Sigue todo aumentando. Todos los argentinos estamos diciendo: ‘¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde?’”.

“Estoy asustado y preocupado por la situación económica, porque los gastos fijos, los imprescindibles, son impagables. Sigue todo aumentando. Todos los argentinos estamos diciendo: ‘¿Hasta cuándo?”.

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Como hombre que se mueve en un ambiente en el que todo está muy movilizado con la ola feminista que empuja la igualdad de género y la expulsión de todo acto de violencia y abuso, Gustavo comenta cómo lo encuentra este momento tan importante: “La realidad sí está cambiando. La mirada del hombre a la mujer, la conducta del hombre con la mujer. El cuidado, a partir de todo esto, fue un llamado de alerta para todos los hombres de ciertas cosas que uno ha hecho, un piropo que uno pensaba que a la mujer no le molestaba, pero ahora se entendió que sí. Uno va aprendiendo. Nadie nos enseñó y creo que es un aprendizaje saludable. Lo observo de afuera, jamás tuve un problema con una mujer a ese nivel”.

“Nunca fui guarango ni he maltratado, no me suenan de cosas que yo haya podido hacer, ni en mi mundo cercano. Algunas cosas se sabían o se presumieron siempre. Que algunos productores eran zarpados, y que aprovechaban su lugar de poder para pedir algo a cambio de trabajo. No sé mucho tampoco, pero son cosas que se cuentan. Recién uno se entera de muchas cosas porque ahora muchas se animan a hablar y está bueno que se sepa y se encienda el alerta para que el hombre se cuide más y cuide a la mujer”, continuó.

“Algunos productores eran zarpados y aprovechaban su lugar de poder para pedir algo a cambio de trabajo. No sé mucho tampoco, pero son cosas que se cuentan”.

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Su pasión, las tablas

Garzón protagoniza “200 golpes de jamón serrano” en el Teatro Chacarerean, una idea compartida con Marina Otero. Según él, es uno de los proyectos que más quiere, porque es íntimo y hasta puede ser él mismo más allá del personaje. Según sus palabras, la obra tiene que ver con un momento personal, que también se relaciona con el filme documental que dirige, “Down para arriba”. “Estoy en una etapa autorreferencial, en la que me di cuenta de que la verdad que busco no la puedo alcanzar desde la ficción. Me agarró una crisis, porque ya no podía entregar más y sentía que no llegaba a los personajes como quería. En la obra estoy expuesto, en todo sentido. Me siento vulnerable, fragil, y así te entregás, la única forma es jugártela. De la misma forma me pasó con el documental, en el que están mis hijos y la actuación involucrados, de una forma diferente, pero muy cercana a mí”.

Garzón en  “200 golpes de jamón serrano” en el Teatro Chacarerean.

El documental que estrenó el 14 de marzo y se puede ver en el espacio Incaa Gaumont y otras salas, es un viaje a la escuela de teatro Garzón Lombardo, que creó y a la que asisten sus hijos Juan y Mariano, ambos con síndrome de Down. “Encontré un maestro de personas con discapacidad que es increíble, y la curiosidad por ver su manera de trabajar me llevó a querer filmar todo el proceso de sus clases. Eso refleja la intimidad de las personas con síndrome de Down. Sirve para conocer de qué se trata ese tipo de discapacidad. Cuando nacieron mis hijos, tenía mucho desconcierto, no tenía idea de cómo hacer, y esta película tal vez le sirva a alguien que tenga hijos con estas características para amigarse con la situación. Y para ver cuán queribles y entrañables son. Es personal, pero más allá tiene un fin: que otros sepan de qué se trata. Hacerlo lo más extensible posible”.

El artista habló de sus proyectos (Villan/Diario Crónica).

La escuela de teatro recientemente fue declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Sobre la situación especial que deben experimentar padres con hijos con el mismo síndrome, explica que “los chicos tienen mcuhas posibilidades, hacen muchas cosas, más de lo que la gente se imagina, y también limitaciones, pero viven una vida muy feliz y plena. Ellos y los que los rodeamos. No es un drama tener un hijo con síndrome de Down. Hay que ocuparse y eso te da muchísima felicidad”.