La República no se negocia: el Congreso puede y debe sesionar

La República no se negocia: el Congreso puede y debe sesionar

Esta semana cumplimos un mes desde que el Presidente decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio en toda la Argentina. El próximo domingo el Gobierno anunciará cómo será la nueva etapa de la cuarentena; seguramente habrá más actividades que vuelvan a funcionar en las zonas donde no haya circulación viral, y esperamos también que haya anuncios concretos ante el crecimiento sostenido de contagiados entre el personal médico.

En este contexto, desde hace semanas, desde el interbloque de Juntos por el Cambio en ambas cámaras del Congreso de la Nación, venimos reclamando al oficialismo que convoque sesiones presenciales. Hay muchísimos temas que tratar. Por citar algunos de ellos, he presentado proyectos para ampliar el universo de beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia, para proteger mejor y someter a test permanentes al personal médico de todo el país y también para establecer un protocolo de intervención para cuidar a las personas con discapacidades, a quienes esta situación inédita les afecta sobremanera.

Hemos acompañado con prudencia y comprensión cada medida del Presidente y del Ministerio de Salud; permanentemente realizamos propuestas a nivel provincial y nacional para que la ayuda del Estado llegue rápida y efectivamente a quienes más la necesitan. Respondimos desde el minuto cero al llamado a la unidad nacional y nos pusimos a disposición. A esta altura, dudar del compromiso cívico y ético de la oposición republicana, corresponde únicamente a personajes ingenuos o malitencionados.

La propuesta de Sergio Massa, Presidente de la Cámara de Diputados, para sesionar virtualmente presupone una modificación del reglamento para la que no posee facultades: es el pleno del cuerpo quien debe hacerlo. En el Senado, el pedido de Cristina Kirchner a la Corte Suprema para que se expida sobre el mismo tema, no se explica de otro modo que no sea la intención deliberada de esquivar el debate parlamentario, tan necesario siempre y más en este momento.

Tomando todas las medidas de seguridad correspondientes, incluso sesionado en un establecimiento más apropiado, que garantice la necesaria distancia que debemos mantener unos de otros, el Congreso puede y debe funcionar. Se equivocan quienes piensan que la concentración de poder es una consecuencia lógica de los tiempos de crisis. Vivimos en una República y el poder legislativo no puede, bajo ningún aspecto, ser ignorado.

No queremos poner piedras en el camino ni afectar la gobernabilidad. Al contrario. Queremos que el Ejecutivo cuente con todas las herramientas necesarias para gobernar en una coyuntura tan complicada como inusual. Y exigimos también que nos escuchen. Que nos dejen sentarnos en la banca donde nos puso la gente con su voto, para que los representemos a ellos, para que recibamos las explicaciones correspondientes de quienes a hoy les toca conducir al país.

No dejemos que se impongan los que hicieron escuela acumulando poder e ignorando a las instituciones. La sociedad nos mira y espera respuestas de quienes, constitucionalmente, debemos dárselas. Para el Gobierno también aplica el llamado a la unidad nacional, la solidaridad y la sensatez que le hacen cotidianamente a la sociedad. Trabajen y déjennos trabajar. Sólo eso pedimos

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