Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

“Todos se sacaron un diez“, expresó, a modo de felicitación, una de las autoridades de laEscuela Eloy Ortega, de la ciudad de Corrientes, hacia sus alumnos. Los jóvenes desplegaron una admirable obra de afecto y solidaridad por una de sus compañeras para que pudiera celebrar sus 15 años, puesto que su familia no contaba con los recursos económicos necesarios para organizar la fiesta. Entonces, recolectaron fondos y alimentos, y convirtieron el aula en el salón donde su amiga pudo cumplir su sueño.

Cuando María de los Ángeles Encina ingresó a la Escuela Eloy Ortega, de la capital de Corrientes, en la jornada del último viernes, advirtió que no era un día más en el interior del establecimiento. El silencio y la nula presencia de sus compañeros en los pasillos del recinto le llamaron la atención, pero hasta ese instante no le generó sospecha alguna.

Sin embargo, al atravesar la puerta de la sala del segundo año, “Chechu”, como la llaman sus seres queridos, quedó impactada, conmovida por lo que percibían sus ojos. El aula decorada como un salón de fiestas, la torta de quince años, comida, y principalmente el afecto de sus amigos y de sus docentes, quienes le cantaron el tradicional “feliz cumpleaños”.

Inmediatamente, la acompañaron hasta el baño para que la homenajeada pudiera sacarse el uniforme del colegio y calzarse el hermoso vestido que le tenían preparado, también confeccionado por la comunidad escolar que no se perdió de ningún detalle.

En cada secuencia de tan emotiva jornada, la quinceañera no pudo ocultar sus lágrimas, y no le alcanzaron las palabras de agradecimiento hacia todos los que lo hicieron posible. Posteriormente, el llanto fue cediendo lugar a una inocultable sonrisa, que causó la felicidad de su familia, compañeros y profesores, todos ellos responsables de hacer realidad el deseo de la adolescente, quien se desplaza en una silla de ruedas.

El sueño de María de los Ángeles comenzó a truncarse el año pasado, cuando su padre falleció, y en consecuencia sus seres queridos no podían afrontar económicamente la realización del festejo, más allá de la angustia que sentían por tremenda pérdida. Fue entonces que desde el alumnado surgió la iniciativa de convertir a uno de los espacios de la escuela en un salón de fiestas para que este sea el lugar que marque a la joven como el día que siempre esperó.

No faltaron las exquisiteces ni el baile, los organizadores estuvieron en todo, hasta en el más mínimo detalle para que una de las estudiantes del segundo año tuviera su merecido cumpleaños de quince, tal como lo soñó.