INFORME ESPECIAL
Por Bibiana Bryson
Investigadora, escritora, historiadora y conferencista
Directora de Exociencia Argentina
paranormal@cronica.com.ar

Salta

El 17 de agosto de 1995 ocurrió un incidente que tuvo alguna trascendencia periodística en su momento, pero que luego cayó rápidamente en el olvido. Se trató de la caída de un objeto en el sur de la provincia de Salta, Argentina. En septiembre de 1996 salió publicado en el boletín electrónico “UFO ROUNDUP” (Volumen 1, Nº 30, 22 de septiembre de 1996), que se distribuye por internet, que aquella caída se había tratado de un OVNI.

Durante aquellos primeros días posteriores a la caída del objeto, se le presentan a Galvagno un grupo de unas nueve personas pertenecientes a Gendarmería, quienes “me prohíben la búsqueda, me prohíben la investigación, me prohíben volar”, aduciendo que está el espacio aéreo cerrado por seguridad nacional.

Se produce un enfrentamiento verbal bastante fuerte, en el cual Galvagno y su equipo, varias decenas de personas, siguieron firmes en su postura de no desalojar la zona. Además Galvagno contaba con el respaldo de todo el pueblo, lo que lo incentivaba a no abandonar el lugar. Por todo esto es evidente que intentar un desalojo violento por parte de Gendarmería hubiese llamado la atención de los medios de prensa. Es por eso que toman una salida más diplomática.

“Estuvieron como media hora deliberando entre ellos. Al rato viene un oficial y un subalférez y me dice: ‘Bueno, Tony, evidentemente acá tenemos que unificar la búsqueda. Decime qué sabés vos, te digo qué sé yo, y vamos a hacernos amigos’”. Se sentaron a hablar. “Ellos me dicen que había caído un pedazo en el crestón El Gallo, ahí en Metán. Hay un pedazo caído ahí y yo personalmente tengo que bajar el día domingo con un helicóptero para rescatarlo. Me dicen: ‘Nosotros ya lo tanteamos pero no lo pudimos sacar porque es muy grande’. Dice que era un pedazo metalizado como de 3,50 metros de largo y no tiene peso. ‘Vos lo levantás y es que como si pesara 200 gramos. Pero, si no es en helicóptero no lo podemos sacar’. El subalférez me dice: ‘Y yo personalmente tengo que bajar con una soga y rescatar el pedazo’”.

Cuando Galvagno le pregunta si había gente de la NASA, le contestan: “No sé si son de la NASA, pero son yanquis los que están manejando todo estoMe extraña, porque la NASA no trabaja así”, repuso Galvagno. “Lo más probable es que Casos en la Argentina I Salta mañana a vos te peguen una patada en la cola y no te dejen ir”.

Tal como se lo había anticipado, al día siguiente regresa el subalférez, ya sin el oficial, totalmente decepcionado. “Ni siquiera me dejaron entrar a la finca. Escuché los helicópteros que se fueron para el crestón y ni siquiera nos dejaron entrar a la finca”.

Luego de algunas presiones similares por parte de diferentes personas, que decían pertenecer a diferentes organismos oficiales, “me llama un amigo que estaba en el gobierno de Salta. Me dice: ‘Mirá Tony, las presiones son muchas, borrate que sos boleta’”. Le prestó su auto y le dio un poco de dinero para que se fuera. Galvagno, al querer saber más sobre lo que había detrás de todo esto, recibe una respuesta simple: “La orden que Estados Unidos le dio a la Argentina es no investigar”.

Golfo de San Jorge/Necochea

En ocasión en que realizaba una auditoría para la flota pesquera de la empresa Pérez Companc, dio con el tripulante, más precisamente el jefe de máquinas, que le relató que en un viaje de traslado de personal desde el puerto del golfo San Jorge (amplio golfo semicircular localizado en la costa atlántica de Argentina, en la Patagonia argentina, frente al mar Argentino. Administrativamente, las costas y sus aguas pertenecen a las provincias del Chubut y Santa Cruz), hasta la plataforma submarina de YPF, cuando, a mitad del camino, algo altera a toda la tripulación, generando que los marineros y el personal técnico petrolero se asomaran por uno de lados de la embarcación. Grande fue la sorpresa cuando vieron pasar a gran velocidad, en recorrido paralelo al barco, una luz por debajo del agua, que unos km más adelante, salió del agua, para que en vuelo vertical y en ascenso veloz, se perdiera en el infinito del cielo. La experiencia es de por sí increíble, pero lo que sucedió días más tarde fue que, cuando ese personal tocó puerto con el cambio de tripulación, unos hombres vestidos de negro los aguardaban para tomarle entrevista a cada uno de ellos, con métodos intimidatorios y amenazándolos con afectar sus fuentes de trabajo en caso de que quisieran contar la historia de lo vivido a otras personas.

Esta historia, del año 1968, quedó oculta por años y es la primera vez que la contamos, dado que pasaron muchos años y la mayoría de los testigos son personas fallecidas hace varios años.

En Necochea

El 29 de agosto de 1962 ocurre el caso conocido como el “Incidente de Necochea”. El protagonista principal, Osmán Alberto Simonini, observa y es perseguido por un OVNI en la ruta bonaerense que une La Dulce con Necochea, mientras viajaba con destino a esta última ciudad costera.

Este caso fue investigado por el oficial principal Juan José La Terza, al día siguiente de los sucesos, quien elevó un memorándum informando acerca de la presencia de un raro artefacto y calificando al testigo de “muy buena reputación y totalmente confiable en sus dichos”. Finaliza certificando al incidente como un HECHO REAL, tal cual como lo relata el protagonista. Se detalla el avistaje de un objeto, el paso por el campo dejando evidencias físicas y/o fisiológicas al testigo, su posible persecución, entre otros detalles. Este caso, investigado por Guillermo Giménez, años más tarde, entrevista a Simonini , quien relata que tenía miedo de contar lo ocurrido allá en 1962 porque pocos días después de su incidente, y luego de la investigación mantenida con el oficial principal La Terza, se hicieron presentes en su taller mecánico dos hombres vestidos de negro que le alertaron que olvidara lo sucedido y que por supuesto no detallara a nadie más lo ocurrido, ya que algo le podría pasar, haciendo caso a esa advertencia.

El testigo recuerda que le llamó poderosamente la atención el color de sus vestimentas (color negro) y todos con ropas similares. Sus estaturas, aproximadas a 1,70 metro, morenos “parecían extranjeros”, debido al rasgo de sus rostros, nórdicos, como los esquimales. Quería dejarles estos casos a modo de testigos, para que los lectores que por primera vez se acercan a esta descripción de extraños seres tengan una noción de que son parte importante de muchas de las historias que llegan a nuestros escritorios de trabajo.