La escena trascurrió en un set de televisión en horario central. Marcelo D’Alessio era presentado como un experto en narcotráfico y crimen organizado. De saco impecable, corbata al tono, camisa nueva, cara de sol y sonrisa canchera, el entrevistado calvo dio una cátedra con estadísticas sobre el tráfico de estupefacientes en la frontera con Paraguay, detallando precios diferenciados entre la marihuana prensada y las flores orgánicas. Dijo que la primera era regada con orina humana por los narcos y otras delicias de igual ubicación sensible a la hora de la cena. Así la cloaca empezó a emerger en los tribunales federales como un estigma.

Entre cifras y comparaciones dignas de la novela negra más berreta, el agente especial “Marcelito” intentó seducir al periodista Rolando Graña. De pronto, como si la Argentina fuese el paradigma de la nada, el programa puso al aire un informe sobre palomas traficantes. Sí como se lee, lector/a. “Una paloma pesa 400 gramos y puede llevar el 10 por ciento de su peso”, ejemplificó uno de los entrevistados en la señal A24. El agente especial “Marcelito” sonreía con su rostro iluminado de malignidad. Había logrado poner en palabras su sabiduría del embuste en un canal muy cercano a sus amigos del Ministerio de Seguridad.

La estrella fugaz del agente especial “Marcelito” D’Alessio era rutilante. El diario Clarín y TN publicaban sus notas como “especialista en narcotráfico”. El portal que sintoniza bien con la embajada de Estados Unidos, Infobae, le daba un sitio importante en su vidriera de posesos del poder y dinero rápido. En los últimos días, Infobae publicó la defensa más encarnizada del fiscal Carlos Stornelli, al mismo ritmo que un notable reportaje al embajador de EE.UU. ¿Casualidad? Con el mismo ahínco defienden la línea de la mano dura de la ministra Patricia Bullrich y su esposo Guillermo Yanco, de quien por una cuestión de sana ubicación y sentido del decoro no vamos a publicar su fotografía. A diferencia de lo que hizo el superagente “Marcelito” quebrando todos los códigos de confidencialidad entre servidores serviciales afines. Ni eso supo gestionar el brillante lobbista, que al cierre de esta crónica está siendo indagado por el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, quien lo investiga por la denuncia de presunta extorsión que realizó el empresario Pedro Etchebest.

EL TEMOR MÁS TREPIDANTE QUE PADECE D’ALESSIO SE DIVIDE EN DOS: NUNCA DEBERÍA HABER MENCIONADO A LA DEA NI A LA NSA Y NUNCA DEBERÍA HABER MOSTRADO EN UN MENSAJE TELEFÓNICO AL ESPOSO DE LA MINISTRA.

Según fuentes que lo frecuentaron y conocen, el temor más trepidante que padece D’Alessio se divide en dos: nunca debería haber mencionado a la DEA ni a la NSA (la mayor agencia de inteligencia de EE.UU.) y nunca debería haber mostrado en un mensaje telefónico al señor esposo de la ministra. En el ambiente político y empresario se conoce el carácter áspero de Yanco, que por estas horas pensaría demasiado en el agente “Marcelito” y eso no es precisamente algo saludable para el multimillonario detenido.

“Marcelito” tenía una escopeta norteamericana en su casa, elementos de espionaje ultramodernos, una credencial de la DEA, remeras y pecheras del FBI, una cifra importante en dólares, autos de alta gama, motos, y fama de todo terreno, que se desvanece con el paso de los días.

“No toquen eso que soy de la DEA, soy de la DEA”, gritó D’Alessio ante los jueces Ramos Padilla y Federico Villena de Lomas de Zamora. Éste último llegó a su domicilio del country Saint Thomas para saber si los múltiples bienes del lobbista son producto del lavado de dinero del narcotráfico, luego de que le llegara a su despacho una denuncia anónima.

Según publicó el diario Página/12, “Marcelito” posee: un departamento en Puerto Madero, otra propiedad en el Chaco, diez autos de lujo, dos motos de altísima cilindrada, un yate, una colección de 50 relojes de alto valor, incluyendo un Double Tourbillon que valdría 200 mil dólares. Entre los vehículos de alta gama se cuentan una camioneta Range Rover nueva, valuada en más de 100 mil dólares. Se trata de la misma camioneta en la que habría paseado con el fiscal Stornelli en Pinamar. Tal es así que en un audio grabado por el empresario extorsionado Etchebest, D’Alessio cuenta que Stornelli tiene dos Range Rover. El agente “Marcelito” tiene otra camioneta RAM 2500, que cuesta 50 mil dólares, un Scania, un BMW X6, dos camionetas Hilux, un Peugeot 308 y dos Chevy de colección. Durante el primer allanamiento los jueces encontraron, además, una camioneta Audi y un Toyota Corolla. Pese a ello, D’Alessio sostuvo que vendió algunos de los autos del listado, incluso una Ferrari. Nadie hace tanto dinero trajinando los pasillos de los tribunales federales de Comodoro Py 2002.

Sin ninguna duda D’Alessio habría mantenido fluidos contactos con sectores de inteligencia, que ahora le soltaron la mano. Un detalle marca que no está loco, ni es un improvisado, y menos un fabulador: su escopeta marca Kel Tec Modelo KSG calibre 12 UAB, con un cañón de 380 a 599 milímetros y 16 cartuchos; es idéntica a la que usa el Ejército de EE.UU, la Unidad Antiterrorista de Francia y una fuerza de élite de Corea del Sur. ¿Cómo trajo ese armamento al país? ¿Cómo lo registró a su nombre? ¿Con qué dinero lo pagó? ¿Por qué la embajada estadounidense se apresuró a desmentir cualquier supuesto vínculo con el agente televisado? La vergüenza de semejante espectáculo es inaudita para la embajada. Al menos Edward Joseph Snowden fue un cuadro de lo mejor de la inteligencia de la NSA. “Marcelito” parece más cercano al casting de Delfín y Mojarrita.

SIN NINGUNA DUDA D’ALESSIO HABRÍA MANTENIDO FLUIDOS CONTACTOS CON SECTORES DE INTELIGENCIA, QUE AHORA LE SOLTARON LA MANO.

La respuesta está en el pensamiento atropellado de D’Alessio, quien tiene el sesgo de una personalidad egocéntrica y psicopática. El periodista Horacio Verbitsky en su serie de crónicas en el El Cohete a la Luna logró resucitar el mejor periodismo de investigación. “Son personajes de una comedia italiana de Alberto Sordi”, dijo El Perro. Y es cierto.

“El fiscal y el juez (Claudio Bonadio) están preparados para irse en unos años con fortunas de 20 a 50 millones de dólares”, estimó D’Alessio en otros de sus audios para la memoria histórica, que grabó Etchebest. En ese mismo audio, “Marcelito” le confiesa al extorsionado Etchebest que trabaja para el Ministerio de Seguridad por 200 mil pesos. Y para mal de males, como no le alcanzó con revelar el rostro de Yanco, no tuvo mejor idea que hablar del empresario Mario Montoto. “El que me hizo entrar fue Mario Montoto, el dueño de todas las cámaras de seguridad que hay en Argentina, socio de Daniel Hadad, tiene el 50 por ciento de Infobae. A su pedido lo metimos a Sergio Taselli en el asunto de los cuadernos. No tenía un porongo que ver, pero se pasó dos meses en cana…”.

Ese fue el textual de D’Alessio, quien para ser un presunto numerario de la DEA, digamos que se extralimitó un poquito. Ya suman tres sus mayores preocupaciones, además de la causa penal: mencionó a organismos de inteligencia de la mayor potencia del planeta, desparramó la imagen de Yanco con la señora ministra Bullrich, y encima colocó a Montoto en un asunto demasiado incómodo. Y no sólo eso: en su escrito de defensa, antes de ser indagado, afirmó que la extorsión a Etchebest la completó (lo dijo él) a pedido de dos supuestos agentes de la AFI: Aníbal Degastaldi y Ricardo Bogoliuk. ¿Se puede ser tan Maxwell Smart? Evidentemente, sí. Y peor. El ex secretario presidencial, Pablo Barreiro denunció a D’Alessio ante el propio Stornelli en octubre de 2018. Fue por un presunto pedido de extorsión en el núcleo de una puja por 250 mil dólares. En la escena habría aparecido involucrado el abogado Fernando Archimbal y su socio Luis Vila, según publicó Verbitsky en su nota del domingo 17. Ambos letrados, cuentan los visitantes de Comodoro Py, ostentan “una llegada” a la embajada de EE.UU. y a sectores de la antigua SIDE.

Las horas de “Marcelito” están cargadas de incertidumbre. Entre quienes mencionó se cuenta el agente Bogoliuk, amigo del extinto fiscal Alberto Nisman. El fiscal le pidió un arma prestada antes de ser hallado muerto de un balazo en la cabeza. Lo sugestivo de este episodio es que también relumbra Stornelli en la saga. Tal como explicó la abogada Graciana Peñafort en su cuenta de la red social Twitter, el ahora fiscal de la causa de los encuadernados con un cuaderno fotografiado, se comunicó con Nisman 48 horas antes de su muerte para preguntarle nada menos que por Antonio Horacio “Jaime” Stiuso.

En el libro ¿Quién mató a Nisman?, de Pablo Duggan, quedó impreso este episodio: “Alberto, ¿qué papel jugó Jaime en todo esto? -pregunta Stornelli directamente”. A lo que Nisman respondió: “Vos sabés de mi cercanía con él, no te voy a negar mi cercanía con él, todo el mundo la conoce, pero hace más de 20 días que no hablo con él. No lo consulté. Si lo habría hecho me habría aconsejado esperar. Pero te juro que no tiene nada que ver con esto”.

Lo que sí tiene que ver “con esto”, es decir, el escándalo que sacude a Stornelli, Bonadio y la llamada Gestapo de Comodoro, con el lobbista en desgracia “Marcelito”, es la persecución judicial contra la ex Procuradora, Alejandra Gils Carbó.

El 15 de febrero la Cámara Federal porteña pidió su indagatoria por el presunto nombramiento irregular de fiscales. Un cuento de hadas comparado con los vídeos, las grabaciones de audios, las fotos y toda la prueba colectada por el juez Ramos Padilla sobre las andanzas del operador D’Alessio en Py.

En la trama de seres utilizables, “Marcelito” es apenas una pieza de la gran máquina. Como se sabe, la máquina funciona con sus reglas. Y los seres humanos no son relojes de colección que puedan arreglarse.

Puede fallar.