Por Gabriel Calisto
@gcalisto

El gesto del presidente tuvo además una reivindicación de sus decisiones: llevó al comedor una serie de productos decomisados de containers incautados en Puerto Madero. Había ropa, alimentos y elementos de bazar, así como algunos útiles escolares. “Esperemos que todos los días sigamos logrando hacer cosas que nos ayuden a dar un paso en la dirección correcta hacia el futuro que queremos que tiene que ser, sin duda, cada vez con más transparencia y con más equidad“.

En un comedor sostenido por la iglesia, que acompañó a Moyano en un polémico acto el último fin de semana, se dio el lujo de hablar de las bondades de la “transparencia”, que sirvió precisamente para llevarle los elementos incautados y transformados en ayuda social.

Junto al presidente estaba Carolina Stanley, el nexo del gabinete nacional con los sectores necesitados, los movimientos sociales y también con los obispos y curas de zonas carenciadas. Allí apunta el mayor vínculo de Cambiemos con la iglesia. Más allá de las diferencias ideológicas que se mantienen (el debate por el aborto dejó heridas que no cierran, sumado al fuerte aumento de la pobreza por la vía del ajuste económico que atraviesa el país), tanto la nación como la provincia apuestan a la iglesia como el primer muro de contención a la protesta social, y como una forma de evitar el crecimiento de punteros políticos en los barrios.

Lo suele decir María Eugenia Vidal y su ministro de Desarrollo Social, Santiago López Medrano: hay cerca de 400 iglesias y capillas que reciben directamente la ayuda estatal para distribuirla en los puntos más calientes del conurbano.

Con su visita, y estrechando el lazo con los barrios pobres, Cambiemos busca garantizar eso: que las críticas de la iglesia se tornen “políticas” y no peguen en el flanco más débil del gobierno: la falta de sensibilidad social.