Foto Revista Citrica

Primero hablamos con su madre. “Acabo de llegar de Neuquén. Cuando lo fui a ver me dijo que lo habían golpeado mucho, que le dolía la pierna y adonde le pusieron las esposas. Estaba custodiado por dos policías. Se sentía dolorido. Me dijo además que los policías le habían dicho que ‘era una nenita’”, cuenta a Revista Cítrica con indignación Fernanda Pilquiñan, que viajó de urgencia hasta Bariloche apenas se enteró por las redes sociales de que su hijo (reservamos su identidad), de 14 años, había sido detenido en la cacería que ayer llevó adelante Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Gendarmería y Policía de Río Negro, luego de que se conociera el fallo de extradición del lonko Facundo Jones Huala.

“Como madre viví un día de desesperación, y también de mucha bronca e impotencia por cómo lo agarraron a mi hijo, cómo me lo esposaron, siendo menor. Él gritó eso, que era menor de edad, y la cosa se puso peor. Por eso los voy a denunciar. Hay fotos y videos. Esto que le hicieron no lo voy a dejar pasar”, le dice a Cítrica, aún con bronca, esta mujer a quien también le detuvieron a su marido, Mario Fierro, pero al que no le dejaron entrar a verlo a la comisaría.

Después hablamos con él, minutos después de que fuera liberado.

¿Cómo te sentís?

Ahora con newen (fuerza), me siento un poco mejor. Pero una de las piernas me duele mucho porque me pegaron una patada. Cuando me esposaron me pegaron en el muslo.

¿Cómo fue el momento de la detención?

Veníamos caminando buscando el auto para irnos de vuelta a Neuquén. No estábamos en la represión. Éramos cuatro varones y dos mujeres. Y de repente empezaron a disparar. Empezamos a correr para bajar, y mi padrastro me dijo: “Venite a la vereda porque te la van a dar”. Me fui para la vereda y de repente apareció una camioneta llena de policías arriba, con escopetas, y dos tenían escudos. En ese momento nos gritan a todos: “Tírense al piso”, y cargaron las escopetas para disparar. Ahí lo perdí a mi padrastro, no lo vi más. Venía la policía desde arriba con escudos, y otros que venían corriendo. Yo empecé a correr. Crucé por arriba del capot de un auto, y ahí fue que un policía me agarró con la escopeta y me empezó a gritar: “Tirate al piso, tirate al piso!”. Yo tenía una mochila a donde tenía mi pullover y una bombacha de gaucho que andaba trayendo para vestirme después. No me quise tirar al piso porque sentí que me iban a agarrar y me iban a pegar.

Me pegó una patada y se me tiró encima. Me puso el poncho de lana en la cara. Me estaba apretando la cabeza con las piernas y no me dejaba respirar.

Entonces seguí corriendo, y el que venía atrás, venía corriéndome y apuntándome a la cabeza. Yo seguí corriendo y de repente me di vuelta, miré para atrás, y no lo vi más. Me agaché en un auto y ahí apareció una camioneta con una moto de la policía. Y el de la moto venía con un acompañante que tenía una escopeta. El policía cargó, y yo atiné a quedarme ahí nomás. Después vino uno y me tiró al piso. Me barrió. Caí al piso y me puso la pata en la espalda. Me pegó una patada, se me tiró encima, no me dejaba respirar. Me puso el poncho de lana en la cara. Me estaba apretando la cabeza con las piernas y no me dejaba respirar. Y yo le decía que me dejara respirar, aunque sea. Yo me quedaba tranquilo si me dejaba respirar. Fue ahí entonces cuando me esposó y me levantó; y ahí me hizo como una llave, y me apretaba fuerte el cuello. Después me llevaron. Ahí lo vi otra vez a mi padrastro, que lo tenían en el piso con los amigos. Y a las dos mujeres las tenían también hombres policías, no mujeres. Hombres las tenían esposadas. Y eso es ilegal. Porque para una mujer tiene que haber una mujer policía.

¿Vos dijiste que tenías 14 años?

Si, yo gritaba “soy menor, soy menor”, pero no les importaba. Quise hacer un forcejeo, para que me bajara la esposa, y me la tiraron más arriba. Eso me dolía mucho.

¿Cómo fue el trato después, adónde te llevaron?

Me tenían ahí, contra el vidrio, y el policía no me quería soltar. Y todos le pedían que por favor me sacara las esposas, pero no hicieron caso a nada. El policía me hacía una llave, me tenía contra el vidrio. Fue cuando quise hacer un forcejeo, y de repente me empujó hacia adelante, y me pegué contra el vidrio en la ceja. Me pegué fuerte ahí. Ahora me toco y me duele.

Después me subieron a una camioneta con una lamién (hermana) y nos trasladaron a la comisaría segunda. Ahí a la mujer la llevaron a un lado y a mí a otro. No me sacaron las esposas, que me dolían. Después vinieron, me las sacaron, y al rato me las volvieron a poner.

¿En la comisaría te dejaron esposado?

Sí, estaba sentado con las esposas y me decían que por favor me tenía que correr. Y yo no me podía correr. ¡Si no me podía ni parar del dolor de las piernas! Entonces me corrieron a la fuerza. Me llevaron más abajo, en un pasillo. Y ahí el policía que me agredió me decía que yo era un maricón, y todo eso. Después yo lo insulté, y él pasó por al lado mío y me pegó una patada en los pies. Era el mismo que me detuvo. Y después él estaba allá, en el patio, y se cagaba de risa de mí. Pasaba y me decía “el indio maricón”. Me tuvieron ahí hasta las cinco, con las esposas; y después ya no me podían tener más en la comisaría y me llevaron a un hogar (NdR: el Centro de Atención Integral para Niños y Adolescentes). Había cuatro policías ahí. Como si yo fuese un criminal.

¿Ahí cuánto tiempo estuviste y cómo fue el trato?

Hasta las 11 de la noche. Un peñi (hermano) con una lamien me quisieron llevar un jugo y una masita para comer y no, no me dejaron. También ellos querían hablar conmigo para ver cómo estaba, y no lo permitían. Los sacaron enseguida.

¿Te vio algún médico? ¿Constató que tuvieras lesiones?

Sí, me vio una médica. Yo le indiqué adonde me dolía y le indiqué que tenía las esposas marcadas. Ahora tengo algunas marcas de las esposas. En el muslo también tengo un pequeño moretón, por la patada que me dieron, y acá atrás también, en la cara, tengo como un rasguño. Yo los voy a denunciar porque no pueden hacerme esto, tenerme con esposas y apretarme fuerte. La gente le pedía que me suelten las esposas, y no querían. Hasta que tuvo que venir un jefe, como le dicen ellos, y ahí tampoco querían. Y el tipo lo agarró, lo corrió y recién ahí me sacó las esposas. Después los policías pasaban y se reían de mí. Son una manga de cobardes.