Un hombre, supuestamente armado y que afirmaba que tenía una bomba, tomó a dos personas de rehenes en un edificio del norte de París durante varias horas, hasta que pudo ser detenido por la policía. El temor a un nuevo acto terrorista paralizó a los franceses, pero, cuando el atacante fue reducido, se comprobó que no había ningún peligro.

Es que, según trascendió, el sujeto era una persona desequilibrada que tenía un cuchillo y un fusil de juguete y no un extremista islámico. El hecho comenzó cuando el hombre se hizo pasar por un repartidor de comida para entrar a una vivienda, donde golpeó en el rostro e hirió a una persona. De inmediato, una unidad de elite de la policía y equipos de bomberos de emergencias llegaron al lugar para enfrentar la crisis.

Durante las negociaciones, el agresor habría pedido contactarse con la embajada de Irán para “entregar un texto al gobierno francés”, pero las autoridades no lo confirmaron. Finalmente, tras varias horas de diálogos, las fuerzas de seguridad irrumpieron en la vivienda y lograron liberar a los rehenes y detener al atacante, quien sería un marroquí de 26 años, que no aparecía en los registros terroristas.