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Acoyte y Rivadavia. La lluvia había dejado de caer sobre la ciudad y la luz empezó a bajar. El quinto ruidazo, programado para las 20 de la tarde del viernes, empezó a hacerse notar. Los vecinos de Caballito comenzaron a juntarse en el punto de encuentro de uno de los tantos barrios en los que la protesta contra el tarifazo y el ajuste fue convocada a través de las redes sociales y otros medios.

De a poco se fueron sumando, con carteles y banderas, para expresar en palabras la disconformidad del ajuste y los tarifazos, el rechazo al cierre de las escuelas nocturnas y en favor de los jubilados. Y para expresar con sonidos golpeando cacerolas de todo tipo, bombos de distintos tamaños, botellas de plástico, silbatos, llaves y hasta martillos. La idea fue hacer ruido y lo hicieron.

Multitudinaria protesta en pleno corazón de Caballito (Nahuel Ventura/Crónica).
Multitudinaria protesta en pleno corazón de Caballito (Nahuel Ventura/Crónica).

Mujeres, hombres, familias, amigos, compañeros y vecinos. Las edades eran variadas pero el objetivo era el mismo: usar la esquina del barrio que se encuentra más en el centro de la ciudad de Buenos Aires para expresar la disconformidad contra un ajuste que les pega a todos.

Un barrio en el que en abril de 2015 Mauricio Macri ganó las elecciones presidenciales con el 44,1% en las Paso y en octubre de 2017 con el 50,93% para las legislativas. Una comuna tradicionalmente radical y antiperonista, pero que hoy es una de las más activas de los cinco ruidazos que se vienen desarrollando sistemáticamente todos los viernes desde hace poco más de un mes. De hecho, son dos puntos de encuentro para los vecinos de la Comuna 6, Acoyte y Rivadavia y el monumento al Cid Campeador, en el cruce de las avenidas San Martin y Gaona.

“Yo lo voté y estoy totalmente arrepentida. No me imaginaba esto para nada. Creí que íbamos a estar mejor de lo que estábamos.y estamos cada día peor”, cuenta con decepción Roxana, quien es del barrio y este es el segundo ruidazo al que asiste.

Para Roxana, que vive con sus dos hijos de 20 y 21 años, las tarifas son “impagables” y aseguró que como docente no le alcanza el sueldo. “Me defraudó la capacidad de impulsar el trabajo para la gente y el deterioro continuo de la capacidad de consumo. Fue paulatina mi decepción”, expresó.

En cada semáforo en rojo un grupo de manifestantes desplegó una bandera con la inscripción “No al cierre de las escuelas nocturnas” para ser vista por los autos detenidos, y ante el pedido de hacer sonar la bocina, más ruido se sumó al ruidazo. Y más historias se encontraron en esa esquina.

Lucho por el porvenir de mis nietos

Nievas tiene más de 80 y se sumó al ruidazo (Nahuel Ventura/Crónica).

Rafael Nievas llegó con sus ochenta y tantos años unos minutos antes de marcadas las 20. Se puso el sombrero estampado con la bandera argentina, levantó su cartel armado de forma casera con la inscripción “Patria Sí, Colonia No” de un lado y “Fuera el FMI” del otro, se colgó el silbato y se sumó a los primeros que comenzaron a hacer ruido.

Se reconoce como poeta e historiador, pero fue toda su vida maestro y hoy es un jubilado más de los millones que hay en Argentina. Trabajó en seis provincias distintas y en la ciudad de Buenos Aires. Según cuenta, fue desde maestro de jardín hasta profesor universitario. El catamarqueño que vive desde hace más de sesenta años en la capital, dedicó toda su vida a enseñar y tiempo atrás creyó que después de tantos años de dedicación hoy estaría disfrutando de todo lo bueno que tenía preparado el futuro para él.

“Pensaba que hoy iba a disfrutar de mi país, del futuro soñado, aquel que aprendí cuando era más joven. Pero hoy estamos al nivel de cualquier país colonia de Latinoamérica y realmente estamos perdiendo la soberanía diariamente”, expresó.

Rafael, que tiene tres hijos y seis nietos, ahora sólo piensa en ellos y con su entrada edad se acercó a la esquina de Acoyte y Rivadavia para protestar por su descontento, para hacerse escuchar. “Vengo a luchar por el porvenir de ellos, porque ya el mío no importa, importa el de ellos”.

Lo afectan las altas tarifas que tiene que pagar, aunque sobrevive pero también en homenaje a esa docencia que ejerció durante tantos años protesta. “Por el futuro de la docencia de la escuela argentina, de la escuela popular, la que nos une a todos, la del guardapolvo blanco. No reniego de la otra, porque también fui docente en escuelas privadas, pero no hay como la escuela pública. Es la que nos da el sentido de pertenencia”, expresó.

El hombre que llegó a profesor universitario aseguró: “Soy hijo de un obrero de pico y pala, mi papá era brasero, él era un trabajador y hacía cualquier cosa” y como modo de reproducir ese ejemplo para sus hijos y nietos, se paró en la esquina de Acoyte y Rivadavia, y con su sombrero estampado con la bandera argentina expresó su disconformidad deseando “un futuro mejor” para los suyos.

Estamos con mucha angustia

Dos padres angustiados con la situación del país (Nahuel Ventura/Crónica).

Sasha es del barrio de Caballito y salió con su marido y su hija pequeña a hacer compras. Llegaron a la esquina de Acoyte y Rivadavia y recordaron que, como todos los viernes, había un ruidazo. Decidieron detenerse y formar parte de esa multitud agolpada en la esquina.

“Justo salimos a hacer compras y sabíamos que había ruidazo todos los viernes, pero no nos acordábamos, y nos quedamos para apoyar. Es el primer ruidazo en el que participamos de los que se hicieron durante enero, pero hemos ido a otras marchas antes”, contó.

Con sus 27 años, es abogada y junto con su marido trabajan en una empresa. Tener trabajo les da un poco más de tranquilidad, pero saben que no todos están en la misma situación y cuando intenta explicarle a Crónica el por qué de su permanencia en el ruidazo, comienza a llorar conmovida. “Estamos con mucha angustia, cansados, tenemos hijos chiquitos”.

Sasha está embarazada y espera otro hijo para el mes de agosto. Su nena más grande está sentada en el cochecito y su padre la entretiene mientras ella seca sus lágrimas e intenta continuar hablando. “Yo estoy muy conmocionada, me hace mal, estoy con mucho dolor por lo que le está pasando al país, hay mucha gente en la calle, gente que no come, es mucho todo lo que está pasando”.

Tanto ella como su marido y sus hijos están bien y tienen trabajo pero aun así insiste en que tienen angustia y bronca porque “otra vez los argentinos nos equivocamos y votamos gente que va contra el pueblo, contra todos”, aseguró la joven madre emocionada.

Si bien ella contó que ni ella ni su familia votaron a Macri, sabe que su suegra sí, y esa fue una de las razones por la que desde hace un tiempo “perdieron un poco de contacto”“Siempre fuimos conscientes de lo que iba a pasar. No tenemos mucha relación ahora con mi suegra, pero ya se arrepintió, como muchos otros. Los pocos que conozco que lo votaron algunos están arrepentidos, pero no todos”.

Este es el quinto ruidazo y al parecer continuarán. “Voy a seguir viniendo y mi familia también. Mi papá vive en Paternal y están yendo siempre a las marchas. En mi caso, mi familia siempre salió a la calle cada vez que no estuvo de acuerdo con lo que estaba pasando”.

Se degradó nuestra calidad de vida

Dos jubiladas docentes que protestaron contra la pérdida de poder adquisitivo (Nahuel Ventura/Crónica).

Liliana y Nora son amigas, son jubiladas docentes y son del barrio. Se acercaron a este quinto ruidazo juntas y de una forma muy creativa improvisaron, con dos rejillas de desagote de pileta de cocina, unos pequeños platillos con los que hacen ruido para expresar su disconformidad. “Hemos venido a todos los ruidazos. El primero fue por la ley de jubilación, había muchísima gente y fuimos caminando desde acá para Congreso”, explicó Liliana.

Ante la pregunta de Crónica de por qué se acercaron hasta Acoyte y Rivadavia, Liliana respondió que por más de un motivo: “Por la situación económica, por el cierre de las escuelas, por las jubilaciones, por las tarifas; reclamo por algo diferente, para que empiecen a tomar conciencia de cómo está la gente”.

Si bien no marchan siempre juntas, esta vez fue circunstancial, pero la motivación es más que suficiente para que ellas se sumen juntas al ruidazo. “Somos docentes jubiladas, vemos que nuestra jubilación poco a poco va perdiendo su poder adquisitivo y que el gobierno le va vaciando los bolsillos de la gente. Sea a través del aumento del costo de vida o sea a través del impuesto a las ganancias, vemos que se va depreciando la calidad de vida de todos los ciudadanos, lo que me parece gravísimo, es una degradación de todos los que vivimos en este país”, aseguró Nora.

Liliana volvió a tomar la palabra y contó: “Recién pasaba por la esquina de avenida La Plata y Rosario, donde hay una iglesia, y ahí cada vez son más los que van a pedir comida, había más de media cuadra de cola”, a lo que Nora agregó: “Eso es lo que está sucediendo con este gobierno, la degradación del ciudadano”.

Ambas son del barrio y lo conocen bien. Creen que, si bien hay gente en la protesta, deberían ser aún más. “Tendría que salir mucha más gente a la calle. Los negocios están cerrando, algunos tradicionales, de toda la vida de Caballito. Vemos cómo va cambiando la fisionomía del barrio y la gente no está en la calle. Hay, pero tendría que haber muchos más, tendría que salir todo el barrio y decir, presente, para protestar en contra de todas las medidas que se están tomando y que nos afectan a todos”, contó Liliana.