foto telam

foto telam

Incertidumbre es probablemente una de las palabras que mejor define a los trabajadores y trabajadoras que tienen que soportar un trabajo precario. Una muestra más de que hoy el capitalismo solo puede mantenerse a costa de empeorar las condiciones de vida de la humanidad y aumentar la desigualdad, lo que llevó a que en 2017 el 1% se lleve el 82% de la riqueza. Quien tiene un trabajo precario no sabe si el próximo mes estará empleado, no tiene aportes jubilatorios, no tiene obra social, no tiene protección de los sindicatos y muchos otros no.

Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del primer trimestre de 2017, el 50,8% de los asalariados está precarizado, de los cuales 70 % no tienen descuentos jubilatorios, 65 % no tiene aguinaldo, 65 % no tiene vacaciones pagas, 66 % no tiene días pagos por enfermedad, 66 % no tiene obra social, 19 % no tiene continuidad laboral y 76 % gana menos que el salario mínimo, valores que se incrementan a su vez en el caso de los jóvenes y las mujeres.

Pero esto no es suficiente. El gobierno de Macri pretende dar más margen a los dueños del capital para precarizar y garantizar nuevas ganancias a los empresarios. Ya ha firmado convenios flexibilizadores como en Vaca Muerta y pretendía generalizarlos en la por ahora suspendida reforma laboral.

Para la juventud, el convenio que intentó usar como modelo el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fue el que firmó con McDonald’s que pretendía pagar $4500 mensuales por 30 horas semanales que recibían el nombre de “prácticas formativas” para evitar pagarles el salario de convenio.

Este es el mismo ministro que hoy ataca e interviene sindicatos, no para denunciar negociados de dirigentes millonarios alejados de las bases, sino para poner su propio personal, como quedó demostrado con el escándalo que destapó quien fuera su trabajadora doméstica quien desarrolló sus tareas sin estar registrada y después cobraba parte de su sueldo del SOMU intervenido.

A pesar de la obscena protección de los principales medios, el modelo de los CEOs que dirigen el país cruje y genera dudas entre quienes lo votaron o tenían confianza en su capacidad de solucionar los problemas que había dejado el kirchnerismo.

La masiva oposición a la reforma previsional con decenas de miles en las calles por la tarde y en el cacerolazo espontáneo de la noche mostraron que el plan macrista podía enfrentarse y no hubo medio de comunicación que pudiera esconder ya las intenciones de este gobierno de ricos.

Menores salarios y menores jubilaciones a costa de menos impuestos a los sojeros, a las mineras y al resto de los empresarios. En lugar de bajar el IVA a los alimentos, se bajan impuestos para mejorar la rentabilidad de los capitalistas.

Pero este plan no puede prosperar sin eliminar las conquistas de los trabajadores. Necesita más disciplina y presiona sobre la precarización que dejó el kirchnerismo.

Los gobiernos nacional, provinciales y municipales están entre los principales precarizadores con decenas de miles de contratos a plazo o pasantías que abren el camino a despidos bajo el cínico rótulo de “no renovaciones” que usa el macrismo.

Así es en el mismísimo ministerio de Trabajo y también en el Hospital Posadas, donde fueron despedidos trabajadores que hace más de 15 años que tienen contratos anuales y cuya única causa de despido es enfrentar planes flexibilizadores como el que pretendía jornadas de 12 horas para el personal de enfermería.

Hoy muchos despidos comienzan por estos trabajadores, los precarizados y los contratados. Son el eslabón más débil y con menos capacidad de resistir estos ataques.

Los sindicatos tienen que apoyar cada una de estas luchas (Hospital Posadas, Fabricaciones Militares, Bunge en Campana) y poner fuerzas materiales para que no sean derrotadas, como hacemos todos los diputados del Frente de Izquierda ante cada ataque.

La oposición de millones a las reformas que pretende el macrismo ya obligó a la CGT a pronunciarse por la derogación de la reforma previsional y rechazar la laboral.

La realidad es que si se hubieran jugado a impedir el robo a los jubilados, se hubiera evitado la votación de diciembre. La disposición de frenar los planes de Cambiemos está en cada fábrica y en cada empresa.

Los sindicatos pueden incluso ayudar a la movilización de los millones de precarizados que hoy se encuentran mucho más desprotegidos. Esos que se merecen dejar de tener esas vidas precarias donde no pueden planificar su vida ni la de sus familias del mes próximo, porque no tienen ninguna garantía de mantener su empleo. Pero para esto es necesario cuestionar las millonarias ganancias de los empresarios.

Hoy hay millones de trabajadores que están obligados a jornadas agobiantes de 12 horas o a aceptar trabajos basura y millones de desocupados y subocupados. Pensado fríamente esto está por fuera de toda racionalidad, cuando todos podríamos trabajar 6 horas por día 5 días a la semana y tener más tiempo para disfrutar del arte, la cultura y el ocio con nuestros afectos y nuestras familias. Sólo la irracionalidad de la ganancia empresaria es lo que evita pensar un nuevo modelo de sociedad que no termine de arruinar las condiciones de vida de millones.

+Legislador de la Ciudad de Buenos Aires por el PTS en el Frente de Izquierda. En diciembre de 2017, asumió por segunda vez en Legislatura porteña como uno de los dirigentes políticos más jóvenes. Comenzó su militancia en la izquierda hace más de 12 años.