Esta semana desde el gobierno se puso en marcha una nueva estrategia comunicacional. Dicen en la Casa Rosada que la iniciativa partió del propio Mauricio Macri.

El Presidente reaccionó así ante la fuerte baja de su imagen en la opinión pública y del rechazo que se nota en la calle a las políticas de ajuste y la alta inflación. Dicen que el Presidente decidió salir a explicar por qué estamos como estamos. A dar la cara. A intentar, con sus palabras, volver a generar confianza en el futuro. Claro que no puede insistir con que lo peor ya pasó, con la ya gastada promesa del “segundo semestre”.

Pero Macri se tiene confianza. La estrategia es mostrarse. Sin embargo, la forma en que reapareció terminó mostrando un presidente aislado. En cuarentena. Macri dejó de estar en contacto directo con la gente. Se suspendieron los timbreos. No viajó a Rosario a participar del acto por el Día de la Bandera. No hubo desfile militar en la avenida Del Libertador por el 9 de Julio. Otra vez estuvo ausente en el acto por un nuevo aniversario del atentado terrorista contra la AMIA. Hasta es probable que ni siquiera asista a la inauguración de la Exposición Rural en Palermo.

Temor a los escraches, a las manifestaciones en contra, a los silbidos, a las protestas de la población. Miedo a los reclamos. Todo se oculta detrás de las justificaciones del caso para evitar un contacto directo entre Macri y la gente. En cambio, la comunicación es a través de conferencias de prensa muy controladas, o entrevistas con preguntas pautadas -como la del jueves en la Bolsa de Comercio-, o a través de una pantalla en la seguridad de su despacho.

Su último diálogo fue este jueves, con sus seguidores a través de la red social Instagram. Un presidente lejos de la gente. Y hasta con extrañas respuestas que generan más dudas. Cuando leyó vía Instagram una pregunta acerca de si le gustaba ser presidente, Macri hizo un silencio de varios segundos y dijo: “Te lo contesto más adelante”.