Una exmarinera volvió al edificio de la Armada donde fue abusada: “nunca más entro ahí”

En 2013, la mujer, entonces de 25 años, denunció al suboficial principal Reinaldo Cardozo, que era su jefe directo. El fiscal de Ushuaia lo imputó por “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, en concurso ideal con amenazas coactivas y mediando violencia de género”.

Por Gabriel Ramonet

Lucía, como pidió a Télam que se la identifique para resguardar su verdadero nombre, nunca había regresado tan cerca del lugar donde asegura haber sufrido un "verdadero calvario".

Lucía, como pidió a Télam que se la identifique para resguardar su verdadero nombre, nunca había regresado tan cerca del lugar donde asegura haber sufrido un “verdadero calvario”.

La exmarinera de la Base Naval Ushuaia que denunció haber sido abusada por un suboficial principal dentro de esa repartición de la Armada Argentina, en Tierra del Fuego, recorrió el perímetro del edificio militar junto a un periodista de Télam para rememorar lo sucedido, y aseguró que “nunca más volvería a entrar allí”.

Lucía, como pide que se la identifique para resguardar su verdadero nombre, nunca había regresado tan cerca del lugar donde asegura haber sufrido un “verdadero calvario” que le cambió la vida, a partir de 2013.

La mujer que ahora observa con tristeza el complejo castrense situado en pleno centro de la capital fueguina, tenía 25 años cuando no solo se animó a denunciar al suboficial principal Reinaldo Cardozo, que casi la doblaba en edad y era su jefe directo, sino que a consecuencia de ello perdió la carrera militar, el empleo y su casa, además de enfrentarse a “la peor cara de la violencia institucional”, aseguró en dialogo con Télam.

Contra todos los pronósticos, esta exmarinera que anhelaba vestir un uniforme y ahora sufre de pánico cuando los ve, logró que la justicia procesara a Cardozo por una cadena de delitos sexuales.

Según la imputación realizada por el fiscal mayor de Ushuaia, Eduardo Urquiza, Cardozo deberá responder por “abuso sexual simple en concurso ideal con abuso sexual agravado con acceso carnal y por pertenecer el imputado a una fuerza de seguridad, en concurso ideal con amenazas coactivas y mediando violencia de género”.

Sin embargo, el juicio originalmente previsto para el 29 de junio de 2020 fue suspendido por la pandemia y el Tribunal de Juicio de Ushuaia, integrado por los jueces Alejandro Pagano Zavalía, Maximiliano García Arpón y Rodolfo Bembihy Videla decidió este año una nueva postergación hasta el 16 de mayo de 2024, es decir recién dentro de 3 años y cuando se cumplirán 11 años de los presuntos abusos.

El juicio originalmente previsto para el 29 de junio de 2020 fue suspendido por la pandemia. El Tribunal de Ushuaia decidió este año una nueva postergación hasta el 16 de mayo de 2024, es decir recién dentro de tres años.

El juicio originalmente previsto para el 29 de junio de 2020 fue suspendido por la pandemia. El Tribunal de Ushuaia decidió este año una nueva postergación hasta el 16 de mayo de 2024, es decir recién dentro de tres años.

Lucía y su abogada le pidieron a la Justicia fueguina que revea esa medida, y que el juzgamiento se haga “lo antes posible” para “evitar la impunidad”.

“Yo trabajaba acá, en la casa de suboficiales de la planta baja de ese edificio. Tenía el rango de marinera y me encomendaban las tareas de camarera”, recordó la mujer mientras señalaba una construcción de tres plantas con un cartel enorme que reza “Armada Argentina” en letras azules.

“Ingresaba por la guardia principal a las siete de la mañana y mi primera tarea era hacer el desayuno para los oficiales que viven dentro de la Base Naval y para los que estaban de guardia. Después participaba de la formación militar y más tarde comenzaba con la rutina diaria de trabajo, que era el mantenimiento del edificio y luego la preparación del almuerzo“, rememoró durante la recorrida con Télam.

En ese edificio, según la exmarinera, hay habitaciones, una cocina y un comedor: en la planta baja viven los oficiales, en el primer piso los marineros y en el segundo los cabos, todos con rango militar.

Cardozo era un suboficial principal con muchos años de antigüedad en la Armada, que estaba a cargo de la jefatura de la división “Servicios”, lo que incluía tener a su cargo a los camareros y cocineros, tanto de la casa de suboficiales como de la de oficiales.

“Era jefe directo mío. Yo no vivía acá en la Base. Terminaba mi jornada y me volvía a casa. Pero este hombre me obligaba a venir a la tarde, con la excusa de cortar el pasto o limpiar de nieve los caminos internos. Eran tareas que no me correspondían, pero lo hacía para tenerme cerca y poder acosarme“, contó Lucía.

"No soy la única mujer que pasó por esto y tuvo que aguantarse al violento, al abusador, y también a sus cómplices internos", afirma Lucía.

“No soy la única mujer que pasó por esto y tuvo que aguantarse al violento, al abusador, y también a sus cómplices internos”, afirma Lucía.

El hecho más grave sucedió dentro de un depósito de la casa de suboficiales, donde se guardaba la vajilla y los elementos de limpieza.

“Ahí fue donde un día me encerró por la fuerza y abusó de mí, sin que yo pudiera hacer nada. Fue después de una persecución tremenda. No me dejaba estudiar, casi no me dejaba hacer nada. Aquí en la institución todos sabían, pero nadie hizo nada”, relató la mujer que sigue viviendo en Ushuaia y tiene otro empleo.

También mencionó que tras las denuncias, Cardozo fue enviado durante un año a otra dependencia, y ella fue reincorporada pero como personal civil, aunque el suboficial retornó a la Base Naval y volvió a tenerla a cargo, con lo que los abusos se repitieron.

“Primero se lo conté al jefe de abastecimiento de la Base, un teniente. Recuerdo que me contestó que yo era marinera y Cardozo un suboficial principal, por lo que mi palabra no tenía ningún valor sobre la de él. También me dijo que me convenía quedarme callada porque yo dependía de la Armada por el trabajo, mi casa y la obra social que para mí era clave porque tenía a mi hijo derivado en el Hospital Garrahan de Buenos Aires”, indicó Lucía.

La mujer también denunció su caso ante la Oficina de Políticas de Género de la Armada, situada dentro del mismo complejo militar de Ushuaia.

“Ahí me preguntaron qué hacía yo para que el suboficial tuviera esas actitudes. Me insinuaron si yo no lo estaba seduciendo, porque tenía los pechos muy grandes o porque era más joven”, recordó.

En la instancia judicial, la investigación estuvo plagada de dilaciones: primero se declaró incompetente la Justicia Federal, con el argumento de que los hechos involucraban a particulares y no a la Armada como institución, a pesar de que los supuestos abusos habían tenido lugar dentro de las instalaciones castrenses.

Después, en la órbita de los juzgados provinciales, la causa pasó por dos jueces distintos, hasta que el último de ellos (una mujer) la jueza María Cristina Barrionuevo, dictó el primer procesamiento contra Cardozo luego de acumular más de nueve cuerpos de evidencias.

“La fecha de juicio fue establecida para 2024 porque con la pandemia existe una congestión de causas, y en este caso no hay personas detenidas y para las audiencias tienen que viajar desde Buenos Aires el imputado y varios testigos”, explicaron a Télam fuentes judiciales.

Según Lucía, les propusieron a los jueces hacer el juicio presencial pero con la participación del imputado y los testigos por videoconferencia, pero ello no fue aceptado hasta el momento.

“Lo único que espero es que se haga justicia y se condene a este hombre. También me gustaría que mi caso marque un precedente. No soy la única mujer que pasó por esto y tuvo que aguantarse al violento, al abusador, y también a sus cómplices internos“, reflexionó la mujer.

Lucía reconoce que sin la fortaleza para pedir ayuda y para entender que ella no era responsable de los abusos, nunca habría superado la situación.

“Ingresé a la Armada con esperanzas y con muchos anhelos. Para mi era un orgullo y hoy es todo lo contrario. ¿Si volvería a entrar a este edificio? No. Nunca más quiero entrar ahí”, concluyó la exmarinera durante la recorrida con Télam.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *