Por Matías Resano
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Basilio Rosales es víctima del asedio violento por parte de un grupo de vecinos en Florencio Varela. Un calvario, que padece desde hace muchos años, comenzó por una pelota que traspasaba la pared que dividía una propiedad de la otra. Sin embargo, ese simple motivo se tornó extremo, y en consecuencia una de las hijas del mencionado hombre intentó quitarse la vida en varias oportunidades.

“Hace dos años que vivo en el mismísimo infierno”, confesó Basilio, en referencia a un conflicto vecinal que mantiene con un clan familiar, que reside a dos casas de distancia de la suya. El hombre remarcó que la odisea se gestó cuando “instalaron una cancha de voley, en la que pasaba la pelota constantemente” para su casa. “Me lo aguanté hasta que empeoró porque me rompieron el alambrado para saltar e ir a buscar a la pelota”, señaló.

Por lo tanto, “fui a hablar con uno de ellos y me dijo que lo iba a solucionar, pero fue peor porque comenzaron a amenazarme, a hostigarme y hasta me escupían en la calle”, agregó Rosales.

Producto de los acosos y de las agresiones, Basilio realizó la denuncia policial correspondiente, que implicó la intervención de la UFI N°1 del Departamento Judicial de Varela.

 

No obstante, la demanda policial agudizó la locura: “A mi hijo lo quisieron atropellar, nos tiraban basura en la puerta de mi casa y hasta me cortaron la luz. A mi hija no la dejaban pasar en la calle, le cruzaron el auto y el último sábado la persiguieron con cuchillos por la calle”, detalló el denunciante.

Sin embargo, las sucesivas y reiteradas manifestaciones violentas no se condicen con un avance en la causa o al menos en atender los ruegos de las víctimas, quienes exigen la detención de los agresores y protección.

Las agresiones son constantes.

Por esta carencia, Rosales reconoció que su hija “tuvo varios intentos de suicidio”“Me dice que se quiere ir, no duerme, grita por las noches, la tenemos que controlar con mi señora. Ella cree que en cualquier momento van a entrar”, afirmó.

El progenitor reconoció que está “pensando en vender” la casa porque “la angustia de la hija es desesperante, ella no sale de la casa”.