Venta a granel: una alternativa que explota en Europa y comienza a verse en Argentina

Motivado por lo que sucede en el viejo continente, Eduardo Duhalde le acercó el proyecto al presidente Alberto Fernández. «El packaging influye en el aumento de los precios», fundamentó. Una empresa nacional hizo una prueba y se expande en todo el territorio.

La presidencia de Alberto Fernández se acercaba a sus tres meses. La mesa política se repartía entre la falta de acceso al agua en la comunidad wichí de Salta, el acercamiento entre el presidente y la primera ministra alemana, Ángela Merkel, y la clasificación de «deuda argentina no sostenible» por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI). El Covid-19 había empezado a salir de China para marcar el rumbo de Italia.
Aquel mes el expresidente y voz potente del Partido Justicialista (PJ), Eduardo Duhalde, se acercó al despacho de Fernández en la Casa Rosada con un proyecto en sus manos.

«La gente tiene que pagar una parte muy importante de su sueldo, cuando le alcanza, para comer. Eso no puede ser», se quejó ante unos pocos periodistas al salir de la reunión en Balcarce 50.

Eduardo Duhalde le presentó la iniciativa a Alberto Fernández y a Cristina Fernández de Kirchner

Eduardo Duhalde le presentó la iniciativa a Alberto Fernández y a Cristina Fernández de Kirchner

La idea de Duhalde y su mujer consistió en tomar de Europa lo que comenzó como un experimento comercial y terminó en una fuerte opción para los consumidores: la venta de productos sueltos o a granel.

En el viejo continente esta modalidad se extiende a gran escala hace cinco años entre comercios de cercanía y grandes tiendas en donde se puede conseguir desde fideos y azúcar hasta leche y productos para limpieza.

La reducción del impacto ambiental de los plásticos, vidrios, cartones y aluminios también encontró un bastión en esta categoría.

Los fundamentos de Duhalde y el visto bueno de los Fernández

“Si le sacamos el packaging, y además le sacamos la publicidad, dos aspectos de la comercialización moderna, el descenso (del precio) es grande”, explicó su fórmula el expresidente en un diálogo íntimo con Ámbito.com.

Duhalde, que definió al valor de los alimentos como “una preocupación” de la que desea encargarse, ya había intentado presentarle esta misma iniciativa al expresidente Mauricio Macri pero ambos no llegaron “a un acuerdo”.

En ese mes de febrero, no sólo recibió la aprobación de Fernández sino también de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y emprendió viaje hacia España para dialogar con especialistas en el tema sobre su implementación, cuidados especiales, legislaciones y locales.

“El viaje fue hecho a cuenta propia y fui con Chiche”, aclaró y, pese a tener planeadas al menos dos paradas (en España y Reino Unido), concluyeron en el primer país y retornaron a Argentina “justo cuando comenzaba la pandemia”.

El expresidente viajó a Europa y al volver se contactó con Fernández

El expresidente viajó a Europa y al volver se contactó con Fernández

“Entramos a uno de los locales y vimos a una señora que pidió un vaso de leche”, graficó.

Al retorno, mantuvo un diálogo al respecto con el máximo mandatario, quien se mostró interesado: “Me dijo que le parecía bien, pero lo que no le parecía bien era empezarlo en ese momento porque no se sabía bien qué iba a pasar con los alimentos”.

“Yo creo que el momento es ahora y, a mi criterio, hay que sacar un decreto para que las grandes firmas, las grandes comercializadoras tengan por lo menos veinte productos que se puedan comprar a granel, por peso, en todos los comercios autorizados ”, refutó.

El exvicepresidente insistió con que el decreto para comenzar con esta propuesta “es una cosa muy sencilla” que puede representar una posible solución al flagelo inflacionario.

Tras contactar con Fernández también lo hizo, contó, con “asociaciones de pymes y almacenes” y afirmó que coincidieron en que “algo hay que hacer” para disminuir los precios de los productos en las góndolas.

En Europa se afianzó y en Argentina hay una impulsora

Producto del panorama económico distinto al argentino, la idea troncal de estos comercios europeos es enfrentar a la contaminación en las aguas, en donde terminan los plásticos, metales y cartones del packaging.

La iniciativa tiene registro en 2014 y se dispersó por varias naciones de este continente al punto que varios comercios se convirtieron en marcas reconocidas de la movida ecológica Zero Waste (Basura Cero): en Alemania está Unverpackt (Original a Granel); en Italia, Effecorta; en España, unPacked; y en Inglaterra, Bulk Market.

En estos comercios se puede comprar fideos, arroces, cafés, chocolates, frutos secos, aceites, dentrífico en pastillas, manteca de cacao y hasta alimentos para mascotas, entre otros.

En todos los locales la modalidad es similar: el cliente lleva su propio envase o compra uno allí mismo, se lo pesa vacío y anota, y tras introducir lo que desea se lo vuelve a pesar y se le resta el peso del envase, lo que resulta es el peso final del contenido.

Esta modalidad llegó el año pasado a Argentina para instalarse en el barrio porteño de Belgrano por medio del supermercado Cero Market, el primero en el país y que “cristalizó un interés que siempre estuvo presente”, sentenció Ana Pierre, una de las socias de la firma, en contacto con este medio.

La idea nació de ella, quien frustrada por tener que comprar medio kilo de semillas de chía para una torta que preparaba cuando solamente necesitaba unas pocas cucharadas, se comenzó a preguntar si había otra opción para adquirir la cantidad necesaria.

Cero Market es el primer supermercado de este tipo en el país y se extiende a varias localidades

Cero Market es el primer supermercado de este tipo en el país y se extiende a varias localidades

“En junio de 2019 viajé a Europa y recorrí Francia, España e Italia para ver cómo funcionaba. Allá es una idea muy instalada hace varios años y que funciona”, afirmó.

Antes de abrir la primera sucursal, ya recibían pedidos para la apertura de otras y es así como los planes se extendieron a Palermo, La Recoleta, La Plata, San Isidro, Neuquén y Santa Fe.

Para Pierre “en muchos casos los precios de los productos disminuyen sin todo el packaging” y señaló a los frutos secos, pastas, golosinas “porque en estos el paquete representa una parte importante del costo”.

“En cambio, para los productos que son más commodities, como harina y azúcar, no. Ahí yo termino subsidiando para tenerlos a un precio más competitivo”, apuntó.

En estos casos “es el poder de compra” que poseen las grandes cadenas de supermercados las que ganan en el terreno de los precios debido a que, según Pierre, a un comercio pequeño “nunca le van a vender al precio que lo hacen, por ejemplo, con un Walmart”.

Las posibilidades locales

Para Enrique Martínez, extitular del INTI y actual coordinador del Instituto de Producción Popular, la idea a gran escala de Duhalde “es poco viable” por la falta de costumbre del consumidor, por lo que asegura que se pueden implementar otras herramientas estatales para combatir la inflación.

Sí coincidió en la influencia del packaging en los valores finales y señaló como uno de los más problemáticos al vidrio por la existencia de “casi un monopolio en los envases”.

“Es muy caro el envase de vidrio y en muchos casos es difícil de reemplazar por plásticos. Pero en el arroz, que se puede envasar en líneas de papel o plástico, no tiene tanta relevancia y ahí el Estado puede dar una mano con créditos”, detalló.

En los comercios europeos se puede conseguir gran variedad de productos

En los comercios europeos se puede conseguir gran variedad de productos

En cuanto a porcentajes, explicó Martínez, envasar harinas o azúcar “aumenta el costo un 4 o 5%”, pero en una mermelada, cuyo frasco debe ser de vidrio para conservar mejor los sabores, se incrementa “en un 40, 45% su costo”.

“Lo que se tiene que hacer es abaratar el acceso o acostumbrar a la gente a comprar algunos productos en envases más grandes que puede reducir bastante el costo”, propuso.

En esa misma línea, Gabriel Gómez, referente de la Cooperativa El Pampero (productores de miel), aseguró que la mano de obra y la logística influyen, así como también el fraccionado del producto.

“El consumidor está acostumbrado a comprar el envase de un cuarto o de medio kilo. De un kilo ya es muy difícil de comercializar”, señaló y advirtió que una de las problemáticas que se enfrenta con esta modalidad es “la cristalización” o endurecimiento del producto.

Fuente: Ambito Financiero

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