A 20 años de la muerte de Jorge Porcel, su lado menos conocido: libros evangélicos y un restaurante fallido

Falleció el 16 de mayo de 2006 en Miami, tras una carrera que lo convirtió en una de las figuras más populares de la televisión y el cine argentino.

Aarchivo de Diego Maradona junto a Jorge Porcel.

Foto: Agencia Noticias Argentinas – D. Payer

— El fallecimiento del capocómico Jorge Porcel alcanzó su aniversario número 20 y su recuerdo no sólo se encuentra ligado a una carrera que incluyó más de 40 películas, éxitos masivos en televisión y récords de audiencia junto a Alberto Olmedo, sino también a las polémicas que rodearon el humor de doble sentido, sus excesos personales y un inesperado giro religioso en sus últimos años, cuando escribió libros evangélicos y apostó por un restaurante en Miami que no logró sostenerse.

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el deceso del artista ocurrió tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en Miami, Estados Unidos, a los 69 años, momento en que el actor atravesaba un delicado cuadro de salud producto de la diabetes, problemas cardíacos y complicaciones motrices que lo mantenían alejado de los escenarios y gran parte de la vida pública.

El contraste con la figura explosiva y excesiva que había dominado la pantalla durante décadas era total: instalado en Estados Unidos, Porcel se había acercado a la religión evangélica y trabajaba en una serie de escritos vinculados a la fe y la espiritualidad.

El humorista construyó una de las carreras más exitosas de la cultura popular argentina, con participación en más de 40 películas y protagónicos históricos en ciclos como “Operación Porcel”, “Las gatitas y ratones de Porcel” y “Polémica en el bar”, además de encabezar durante años temporadas teatrales en la calle Corrientes y en Mar del Plata.

Su dupla con Olmedo se transformó en un fenómeno de taquilla durante las décadas del ‘70 y ‘80, con filmes que lideraban la recaudación y programas que alcanzaban niveles de audiencia inéditos para la televisión de entonces.

Sin embargo, lejos del brillo artístico, los últimos años estuvieron atravesados por un perfil completamente distinto: radicado en norteamérica, había inaugurado “A la pasta con Porcel”, un restaurante de comida argentina e italiana decorado con imágenes de su carrera y recuerdos personales, que no logró consolidarse y cerró tiempo después, en medio de dificultades económicas y problemas de salud.

Otro de los episodios que impactó en su vida estuvo relacionado con su hijo Jorge Porcel Jr., que atravesó reiterados conflictos públicos vinculados a adicciones, denuncias mediáticas y problemas económicos tras la muerte del humorista. En paralelo, el artista profundizó su vínculo con la religión e inició la redacción de escritos vinculados a esa experiencia.

Quienes lo frecuentaban en esa etapa sostenían que buscaba alejarse definitivamente del ambiente artístico y del personaje público asociado a los excesos, el machismo televisivo y el humor sexual que lo convirtió en una de las figuras más populares y discutidas del espectáculo argentino.

Aunque los títulos de los libros nunca llegaron a difundirse en masividad, porque varios proyectos fueron inéditos o quedaron en etapa de preparación, un ejemplar llegó a publicarse bajo el nombre de “¡Sálvese quien quiera!”, editado en el año 2000, donde mezcló autobiografía, testimonios religiosos y reflexiones sobre su conversión al evangelismo.

Durante años, Porcel Jr. realizó declaraciones televisivas sobre supuestas disputas familiares por la herencia, períodos de indigencia en Estados Unidos y fuertes enfrentamientos con figuras del entorno artístico y personal de su padre, además de exponer internaciones y tratamientos vinculados al consumo problemático de drogas.

El texto funcionó como una continuación de su autobiografía anterior, “Risas, aplausos y lágrimas”, pero ya completamente atravesado por la fe cristiana. El ejemplar era una oda a la forma en que había “encontrado paz” en la religión, con un género marcado por el testimonio cristiano.__IP__

La figura del capocómico también quedó atravesada por cuestionamientos ligados al contenido de sus programas y películas, especialmente por el rol que ocupaban las denominadas “secretarias”, vedettes y actrices.

Algunas producciones fueron señaladas años después por organizaciones y especialistas en medios debido a escenas de cosificación femenina, estereotipos sexuales y rutinas basadas en el acoso o el humor de doble sentido, elementos que en aquella época dominaban gran parte de la televisión y el teatro de revistas argentino.

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