| A sus 92 años, el reconocido anticuario y coleccionista volvió a visitar el Museo del Área Fundacional (MAF), donde permanecen muchas de las valiosas piezas históricas que donó a lo largo de su vida para preservar la memoria y el patrimonio cultural de la Ciudad de Mendoza. A sus 92 años, Ángel Lembo volvió a recorrer las salas del Museo del Área Fundacional (MAF). Lo hizo en silla de ruedas, acompañado por su hija Lilian, atravesando con emoción cada rincón que guarda piezas donadas por él mismo durante décadas.No fue una visita más: fue el reencuentro de un hombre con una parte de su vida, con objetos que alguna vez estuvieron en sus manos y que hoy forman parte de la memoria colectiva de la Ciudad de Mendoza.“Es importante que las antigüedades permanezcan en el MAF para que los demás conozcan el pasado de Mendoza, de nuestra historia como mendocinos”, expresó Lembo, con la lucidez intacta y el afecto profundo que siempre sintió por el patrimonio cultural de su ciudad natal.Vecino, reconocido anticuario y coleccionista mendocino, Ángel Alfonso Lembo dedicó cerca de 70 años de su vida a buscar, restaurar, estudiar y preservar objetos antiguos. Su fascinación por las antigüedades comenzó cuando apenas tenía poco más de 20 años y terminó convirtiéndose en una forma de vida.“Cuando era jovencito empecé por las tazas, me encantaba coleccionar tazas porque me encanta tomar el té en tazas finas inglesas, francesas o alemanas”, recordó con humor y ternura. Y agregó una frase que resume su filosofía: “Las antigüedades no tienen un dueño fijo, lo interesante es conservarlas. Pasan los años y las antigüedades siguen viviendo”.Su hija, Lilian Lembo, asegura que su padre “se hizo solo”. “De tanto leer, de aprender, de intercambiar con gente que sabía más que él. Siempre supo muchísimo. Daba vuelta un plato y te decía de dónde era o de dónde venía”, relató. “Yo siempre digo que mi viejo fue como un Messi de las antigüedades”.Durante décadas, Lembo fue una referencia ineludible del ambiente anticuario mendocino. Tuvo un local sobre calle Amigorena y participó activamente de ferias y ventas de garaje en la Quinta Sección, donde no solo exponía piezas antiguas sino también las historias detrás de cada una.Quienes lo escuchaban hablar sobre muebles, porcelanas, baúles de inmigrantes o planchas a carbón sentían estar frente a un historiador apasionado.“Escucharlo los domingos en familia contar sus historias era fascinante. Todo lo relataba como si fuera un cuento”, rememoró su hija. “Ama lo que hacía, ama la historia de Mendoza y de dónde vino cada objeto”, afirmó.Esa pasión fue también la que lo llevó a donar innumerables piezas al Museo del Área Fundacional (MAF). A lo largo de más de dos décadas, Lembo aportó objetos que hoy permiten reconstruir escenas de la vida cotidiana de la Mendoza colonial y del siglo XIX en ese museo arqueológico de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza.Entre las donaciones más recordadas figuran un pianoforte, una molienda antigua de vino, morteros, botellas de grés, filtros de agua, rejas coloniales, faroles, fotografías históricas y hasta una cocinita antigua que aún permanece exhibida en una de las salas del MAF.“Haber donado el pianoforte fue algo hermoso y muy significativo para mí. Me encantaba”, confesó el coleccionista.La directora del MAF, Betina Tamiozo, destacó por su parte el compromiso permanente de Ángel Lembo con el patrimonio mendocino. “Muchos de los objetos que hay en el museo los donó él desde hace 20 o 25 años. Siempre trabajó en pos de la historia de la Ciudad de Mendoza, de quererla y cuidarla patrimonialmente”, señaló.Tamiozo recordó además que una de las primeras grandes colaboraciones de Lembo con el museo fue una muestra realizada en 1998, centrada en su colección de objetos de medicina y perfumería. “La última donación importante fue en 2013, pero aún hoy sigue queriendo donar cosas al museo”, comentó destacando la generosidad del anticuario.La reciente visita emocionó especialmente al equipo del Área Fundacional. “Fue un gusto enorme que pudiera venir. Se acordaba perfectamente de cada objeto que había donado y sus anécdotas siguen siendo riquísimas”, contó Tamiozo.Aunque hoy vive en una residencia para adultos mayores y tiene dificultades de movilidad, Ángel Lembo mantiene intacta la memoria y el entusiasmo por aquello que marcó su vida. “Tengo 92 años, también soy una antigüedad, ¿no?”, bromeó durante la visita.Pero lejos de apagarse, su legado continúa vivo. No solo en los objetos que preservó y compartió generosamente sino también en la transmisión familiar de ese amor por la historia y el patrimonio. Sus hijos, Lilian y Jorge, heredaron ese vínculo con las antigüedades y continúan ligados al universo que su padre construyó con dedicación y sensibilidad.Porque para Ángel Lembo cada pieza antigua guarda algo más que valor material: contiene relatos, memorias y fragmentos de identidad.Y gracias a su generosidad, buena parte de esa historia hoy pertenece a todos los mendocinos. |