EL GRITO SILENCIOSO DE LA POLICÍA: UN AUXILIAR DE 27 AÑOS FUE HALLADO SIN VIDA

SAN MARTÍN | OTRA TRAGEDIA QUE GOLPEA A LA POLICÍA DE MENDOZA
La muerte de FERNANDO CENERI OJEDA, un joven auxiliar de 27 años de la Policía de Mendoza, vuelve a dejar al descubierto una realidad silenciosa, dolorosa y muchas veces ignorada dentro de las fuerzas de seguridad: la crisis de salud mental que atraviesan cientos de efectivos.
El joven policía, que prestaba servicios en el Palacio de Justicia, fue hallado sin vida este lunes en su vivienda de calle Berutti, en San Martín. Pero detrás de esta tragedia hay una señal de alarma que ya había sido advertida. Apenas 37 días antes, el efectivo había manifestado intenciones de autolesionarse, situación que motivó la intervención policial tras un desesperado llamado de su madre al 911.
En aquel momento, la Justicia ordenó el secuestro preventivo de su arma reglamentaria y chaleco balístico, además de la intervención de áreas de Investigaciones y Salud Mental. Sin embargo, nada alcanzó para evitar el peor desenlace.
La tragedia vuelve a abrir un debate incómodo, pero urgente: ¿qué contención real reciben los policías de Mendoza? ¿Quién cuida a quienes deben cuidar a la sociedad?
Detrás del uniforme hay personas sometidas a jornadas agotadoras, presión constante, bajos salarios, estrés extremo y, muchas veces, abandono institucional. Efectivos que trabajan lejos de sus familias, que viven situaciones traumáticas diariamente y que, en muchos casos, sienten que pedir ayuda puede ser visto como una debilidad o incluso perjudicar su carrera.
Las áreas de acompañamiento psicológico parecen no ser suficientes frente a una problemática que crece en silencio. Compañeros, familiares y allegados coinciden en que hace falta mucho más que protocolos: se necesitan políticas reales, seguimiento permanente y una estructura humana capaz de contener a quienes atraviesan crisis profundas.
Cada nuevo caso sacude a toda la fuerza y deja preguntas difíciles de responder. Porque cuando un policía llega al límite de quitarse la vida, el problema ya no es individual: es institucional y social.
Hoy, una familia llora a un hijo. Compañeros despiden a un camarada. Y Mendoza vuelve a enfrentarse a una realidad que no puede seguir siendo ignorada.
Por: Stella Maris Rodriguez

