Maipú busca convertir la uva criolla en una nueva oportunidad productiva a través del aceto balsámico
El departamento avanza en la consolidación de su perfil como capital del aceto balsámico, con un proyecto que combina identidad territorial, agregado de valor y nuevas perspectivas para pequeños productores vitivinícolas.
Mientras gran parte de la industria vitivinícola enfrenta el desafío de encontrar nuevas alternativas para variedades con menor demanda comercial, en Maipú comienza a consolidarse una posibilidad concreta: transformar la uva criolla en materia prima estratégica para la elaboración de aceto balsámico de calidad diferenciada.
La iniciativa se desarrolla en el marco del proceso para obtener la Indicación Geográfica (IG) del aceto balsámico de Maipú, un proyecto impulsado por la Municipalidad junto al sector privado y coordinado técnicamente por el ingeniero Alfredo Baroni. El objetivo es claro: posicionar al departamento como referencia nacional e internacional en la producción de este producto, asociando su calidad directamente al terroir maipucino.
Pero detrás de la construcción de esta identidad también aparece una discusión productiva de fondo. La uva criolla, históricamente muy presente entre pequeños viñateros mendocinos, ha ido perdiendo espacio dentro del mercado tradicional del vino y actualmente atraviesa dificultades vinculadas a su rentabilidad y comercialización. Frente a ese escenario, el desarrollo de la industria del aceto abre una nueva alternativa de agregado de valor.
“La uva criolla tiene condiciones muy interesantes para este tipo de elaboración y puede convertirse en una gran oportunidad para muchos productores que hoy no encuentran un mercado favorable”, explicó Baroni, quien trabaja en la formulación técnica de la Indicación Geográfica presentada ante el Ministerio de Agricultura de la Nación.
“Hay un precedente muy alentador, y es lo que sucedió con la aceituna variedad Arauco, que se pudo reconvertir en un momento en el que atravesaba una crisis similar a lo que puede estar pasando con la uva criolla”, agregó Baroni.
La posibilidad de incorporar esta variedad al proceso productivo no solo permitiría ampliar la identidad propia del aceto balsámico mendocino, sino también avanzar hacia un esquema de reconversión inteligente, donde productos con dificultades comerciales puedan integrarse a cadenas de valor con mejores perspectivas de crecimiento.
En Maipú, esa mirada encuentra además un contexto favorable. El departamento concentra algunas de las principales acetaias de Mendoza y en los últimos años comenzó a construir una estrategia para posicionarse como capital del aceto balsámico argentino, promoviendo una producción vinculada al origen, la calidad y la diferenciación.
“El objetivo no es copiar modelos externos, sino desarrollar un aceto con identidad mendocina, utilizando nuestras uvas, nuestro clima y nuestro conocimiento productivo”, vienen señalando desde el sector que impulsa la iniciativa.
La obtención de la Indicación Geográfica representa un paso central en ese camino. Además de proteger el producto y garantizar estándares de calidad, permitirá consolidar una marca territorial asociada a Maipú y fortalecer su posicionamiento en mercados nacionales e internacionales donde crece la demanda de alimentos premium y de origen certificado.
A nivel global, el mercado del aceto balsámico mantiene una tendencia sostenida de crecimiento, impulsada por consumidores que buscan productos artesanales, diferenciados y con identidad. En paralelo, el consumo interno también muestra una expansión constante, ampliando las posibilidades para el desarrollo de nuevas unidades productivas.
En ese escenario, la articulación entre el Municipio, el sector privado y los equipos técnicos aparece como uno de los principales activos del proyecto. La apuesta no se limita a consolidar un producto gourmet: busca también generar oportunidades para productores locales, diversificar la matriz agroindustrial y construir una nueva cadena de valor con fuerte anclaje territorial.
Así, mientras Maipú fortalece su posicionamiento como capital del aceto balsámico, la uva criolla —durante años relegada en términos comerciales— comienza a encontrar una nueva posibilidad de futuro en una industria con enorme potencial de crecimiento.




