“No existen obesos sino personas que viven con obesidad”
La ciencia corrió el foco de la báscula a la salud real de las personas. Ya no se trata de «llegar a un peso ideal» sino de recuperar la funcionalidad del cuerpo y mejorar la calidad de vida. Gustavo Cimino, responsable del Programa de Obesidad de la Provincia, explica los alcances de este nuevo paradigma, basado en la evidencia científica, el respeto por los pacientes y un abordaje integral de la enfermedad cuyos pilares son los nuevos tratamientos basados en nutrición, movimiento, salud mental y herramientas médicas modernas.
-¿Cómo se mide hoy la obesidad?
Durante décadas se consideró que la obesidad podía definirse a partir de un número: el peso corporal o el resultado del Índice de Masa Corporal (IMC). Sin embargo, hoy la medicina reconoce que el IMC, por sí solo, resulta insuficiente para diagnosticar a una persona.
Ese cálculo no distingue entre músculo y grasa, tampoco muestra cómo se distribuye la grasa en el cuerpo ni permite conocer cómo están funcionando los órganos. Por eso, el foco dejó de estar exclusivamente en la balanza para centrarse en la salud real de cada individuo.
Estar sano o enfermo no depende de un número, sino de cómo el exceso de tejido graso afecta a
nuestros órganos y a nuestra vida diaria.
-¡Cuál es el nuevo modelo para un diagnóstico preciso?
Las nuevas directrices proponen una evaluación basada en dos componentes.
Por un lado, se confirma la presencia de exceso de tejido adiposo mediante la observación clínica y mediciones complementarias, como la circunferencia de cintura o la relación cintura-altura.
Por otro, se analiza el impacto que ese exceso de grasa tiene sobre el organismo. Es decir, se evalúa si está afectando órganos, sistemas o funciones de la vida cotidiana.
El IMC ha quedado obsoleto como herramienta única para diagnosticar a una persona.
-¿Qué es la obesidad clínica y qué cambia para el paciente?
Es un concepto que permite identificar cuándo el exceso de tejido graso está produciendo daño o alteraciones en el organismo.
Se considera que existe obesidad clínica cuando aparecen complicaciones como hipertensión arterial, alteraciones de la glucosa, hígado graso u otras afecciones relacionadas, o cuando la persona ve limitadas actividades cotidianas como caminar, descansar adecuadamente o realizar tareas habituales.
Este enfoque permite diferenciar a quienes tienen un cuerpo grande pero mantienen sus funciones conservadas, de quienes presentan una enfermedad que requiere atención específica.
La meta ya no es alcanzar un “peso ideal”, sino recuperar salud, funcionalidad y calidad de vida.
– Hoy se habla de la obesidad como una enfermedad biológica y no como un problema de voluntad. ¿Qué significa esto?
Uno de los avances más importantes es el reconocimiento de la obesidad como una enfermedad neurohormonal y crónica. Sabemos que el organismo posee mecanismos biológicos y cerebrales destinados a preservar las reservas energéticas. Por eso, cuando una persona pierde peso, el cuerpo suele activar respuestas que favorecen la recuperación de ese peso perdido.
Esto explica por qué muchas personas logran bajar de peso pero tienen dificultades para sostener ese descenso en el tiempo. No se trata simplemente de voluntad o disciplina, sino de procesos biológicos complejos.
La obesidad es una enfermedad neurohormonal y crónica, no una falta de voluntad.
El tratamiento combina distintos pilares:
•Nutrición de calidad: Más que contar calorías, se busca la densidad de nutrientes que ayuden al cuerpo a funcionar mejor.
•Movimiento con propósito: Priorizando el ejercicio de fuerza y resistencia para proteger los músculos.
•Salud mental: Atendiendo el estrés, el sueño y las emociones, que son piezas clave en la regulación del peso.
•Herramientas médicas modernas: Utilizando medicamentos de nueva generación o cirugías cuando la salud está en riesgo, tratándolos no como atajos, sino como apoyos necesarios para una biología que necesita ayuda.
-¿Qué debería hacer una persona que ha intentado bajar de peso muchas veces sin éxito?
Lo primero es comprender que no está sola y que su situación no necesariamente refleja una falta de esfuerzo.
Muchas personas han realizado múltiples intentos a lo largo de su vida sin obtener resultados duraderos porque la obesidad es una enfermedad crónica que requiere evaluación profesional y tratamiento adecuado.
La recomendación es consultar a equipos de salud capacitados que puedan realizar una valoración integral y diseñar un plan adaptado a cada situación.
-¿Estamos frente al fin del estigma asociado al peso?
Ese es uno de los desafíos más importantes. Durante muchos años, las personas con obesidad fueron culpabilizadas por su condición. Ese estigma provocó sufrimiento, afectó la salud mental y, en muchos casos, alejó a los pacientes de los sistemas de atención.
Hoy la comunidad científica promueve un enfoque basado en el respeto, la empatía y la evidencia. La obesidad debe ser tratada como cualquier otra enfermedad crónica, sin prejuicios ni discriminación.
Hoy se exige un trato digno y empático. La obesidad debe dejar de ser una etiqueta de identidad para ser tratada como cualquier otra condición médica. Debemos entender que nadie elige tener una enfermedad crónica y que el lenguaje que usamos importa: no existen «obesos», existen personas que viven con obesidad.
La información suministrada en esta entrevista por el dr. Cimino se basa en dos fuentes científicas:
– Guías de Práctica para la Evaluación y el Tratamiento de la Obesidad en Adultos AACE 2025. K. Nadolsky, W.T. Garvey, M. Agarwal et al., American Association of Clinical Endocrinology Consensus Statement: Algorithm for the Evaluation and Treatment of Adults with Obesity/Adiposity-Based Chronic Disease — 2025 Update, Endocrine Practice, https://doi.org/10.1016/j.eprac.2025.07.017
-Comisión Lancet 2025. Definition and diagnostic criteria of clinical obesity. Lancet Diabetes Endocrinol 2025. January 14, 2025. https://doi.org/10.1016/ S2213 8587(24)00316-4


