Olivos centenarios: Mendoza impulsa proyectos para rescatar su historia y revalorizar la industria

En Mendoza, donde el otoño marca el pulso de la cosecha y los olivares forman parte del paisaje cultural, varias iniciativas comienzan a converger con un mismo objetivo: preservar los olivos centenarios y recuperar el protagonismo de la provincia en la olivicultura argentina.
En los últimos años, el avance urbano, los cambios productivos y la presión inmobiliaria han puesto en riesgo miles de ejemplares históricos. Lo que alguna vez fue una actividad dominante —con más de 20.000 hectáreas cultivadas— hoy muestra una retracción significativa, con una superficie mucho menor y numerosos olivares abandonados o en proceso de desaparición.
Frente a este escenario, surgen proyectos que combinan rescate patrimonial, visión productiva y compromiso ambiental.
Uno de ellos es el desarrollado por la familia Cicero en Maipú, donde se creó un santuario que ya reúne más de 5.000 olivos centenarios. Muchos de estos árboles fueron trasladados desde fincas en riesgo y reorganizados en un espacio diseñado para garantizar su supervivencia.
El proyecto, que continúa en expansión, busca no solo preservar estos ejemplares, sino también poner en valor su historia y, a futuro, abrir el lugar a la comunidad como un espacio de encuentro con la identidad olivícola mendocina.
En paralelo, otra iniciativa avanza con un enfoque complementario. El enólogo y maestro aceitero Gabriel Guardia impulsa una cruzada para rescatar olivos históricos y reposicionar a Mendoza en el mapa internacional del aceite de oliva de alta calidad.
Con más de tres décadas de experiencia en el sector, Guardia fue protagonista del crecimiento de la olivicultura local y hoy trabaja desde su proyecto Corazón de Lunlunta, al tiempo que lidera acciones concretas para evitar la pérdida de árboles centenarios.
Su tarea incluye recorrer fincas en toda la provincia, identificar ejemplares en riesgo y gestionar su traslado, un proceso complejo que requiere maquinaria pesada, logística especializada y una inversión considerable.
Uno de los avances más significativos de esta iniciativa es la creación de la primera Guardería de los Olivos en Guaymallén, un espacio impulsado junto al municipio donde los árboles rescatados son replantados para preservar su valor histórico y genético.
La preocupación que motiva estos esfuerzos es compartida: la pérdida no es solo productiva, sino también cultural. Muchos de estos olivos fueron introducidos por inmigrantes europeos y forman parte del legado que dio origen a la identidad agrícola de Mendoza. En particular, la variedad arauco —única en el mundo y originaria de Sudamérica— representa un activo estratégico tanto por su calidad como por su valor simbólico.
Los impulsores de estos proyectos coinciden en que la recuperación de los olivares puede ser también una oportunidad. A partir de la preservación de estos ejemplares, se abre la posibilidad de reconvertir la industria, apostar a la calidad y posicionar nuevamente a Mendoza como referente internacional en aceite de oliva virgen extra.
Sin embargo, el desafío es grande. El rescate de cada árbol implica costos elevados, uso de maquinaria especializada y un trabajo cuidadoso para asegurar su adaptación a un nuevo entorno. Aun así, quienes lideran estas iniciativas sostienen que el esfuerzo vale la pena.
Hoy, tanto el santuario de Maipú como la guardería de Guaymallén representan mucho más que espacios de conservación: son señales de un cambio de mirada. En una provincia reconocida por su vino, el olivo vuelve a ganar terreno como símbolo de identidad, historia y futuro productivo.
La recuperación de estos árboles centenarios no solo busca evitar su desaparición, sino también sembrar las bases de una nueva etapa para la olivicultura mendocina, donde tradición e innovación vuelvan a encontrarse.





