Tras la actualización de la normativa de control, Aconcagua cerró la temporada con resultados positivos en bienestar animal

La temporada 2025–2026 en el Parque Provincial Aconcagua finalizó con un balance sanitario altamente positivo en el marco del Programa de Bienestar Animal, actualizado por el Ministerio de Energía y Ambiente con un sistema de control integral basado en prevención, trazabilidad y monitoreo permanente de los animales de carga.

La temporada 2025–2026 en el Parque Provincial Aconcagua finalizó con un balance operativo y sanitario altamente positivo en el marco del Programa de Bienestar Animal, consolidando un sistema de control integral que combinó prevención, trazabilidad y fiscalización continua sobre los animales de carga utilizados en la logística de montaña.

En la temporada, el programa registró un total de 9.434 ingresos de mulas. Sobre ese total, 362 viajes fueron rechazados por los veterinarios debido a distintas problemáticas sanitarias o de aptitud, lo que refleja un alto nivel de cumplimiento por parte de las empresas prestadoras del servicio y el fortalecimiento de la prevención.

El veterinario y coordinador del programa, Lucas Sbriglio, destacó el beneficio del enfoque preventivo. “Se priorizó la detección temprana de lesiones y condiciones inadecuadas antes del ingreso al parque, evitando así situaciones de infracción y promoviendo la recuperación de los animales. Aquellos ejemplares que no cumplían con los estándares eran derivados a corrales hasta su recuperación, bajo seguimiento veterinario”, aseguró.

El operativo fue sostenido por un equipo de seis profesionales, con Sbriglio coordinando y controlando en terreno junto a cuatro veterinarios, y un profesional en el Gran Mendoza encargado de procesar los datos y enviar comunicaciones a las empresas prestadoras. “Todos los días a partir de las 4 de la tarde hacíamos controles en corrales”, contó Sbriglio.

Trazabilidad y seguimiento

Uno de los ejes centrales del programa fue la trazabilidad individual de cada animal. Todas las mulas fueron identificadas mediante microchip y asociadas a un “ticket mula”, documento en el que se registra el arriero responsable, el destino dentro del parque y los datos sanitarios. Cada arriero tenía permitido operar con un máximo de cinco animales cargueros, lo que facilitó el control y seguimiento.

En los casos en que se detectaron irregularidades, el procedimiento incluyó el rechazo inmediato del animal, la elaboración de un informe técnico con registro fotográfico y audiovisual, y la notificación formal a la empresa, a su veterinario responsable y a las autoridades de Áreas Naturales Protegidas del Ministerio de Energía y Ambiente. Para que el animal pudiera reingresar, era obligatorio contar con el alta médica emitida por el veterinario de la empresa.

Sistema de descanso obligatorio

El sistema de descanso obligatorio también fue clave en la gestión del bienestar animal. Los tiempos de recuperación variaron según el recorrido: un día completo en Plaza de Mulas, dos días en Plaza Argentina y medio día en Confluencia. Estos períodos fueron verificados en cada ingreso mediante el sistema de control.

El programa también contempló auditorías a las 10 empresas que operaron durante la temporada. Estas inspecciones incluyeron la evaluación de condiciones de infraestructura, disponibilidad de agua y alimento, estado sanitario general y prácticas de manejo. Este enfoque permitió extender el control más allá del ámbito del parque, incorporando una mirada integral sobre toda la cadena operativa.

Actualización normativa

Este esquema de trabajo se enmarca en una actualización normativa, que fortaleció los estándares de control, incorporó nuevas exigencias técnicas y estableció un régimen de sanciones más riguroso.

Entre las principales medidas se destacan la obligatoriedad del microchip, la digitalización de libretas sanitarias, el registro permanente de salud y la exigencia de bases de datos compartidas por parte de las empresas.

El programa se sostiene además sobre un enfoque de “Una Salud”, que reconoce la interdependencia entre la salud animal, humana y ambiental. En este sentido, el control del bienestar de las mulas no solo impacta en la protección de los animales, sino también en la seguridad de las expediciones y en la preservación del ecosistema de alta montaña.

El uso de mulas continúa siendo el sistema logístico más eficiente y de menor impacto ambiental en este tipo de entornos. Frente a alternativas como helicópteros o drones, que presentan limitaciones operativas y mayores costos ambientales, el transporte animal permite mantener un equilibrio entre funcionalidad, sostenibilidad y tradición cultural.

La actividad de arriería, profundamente arraigada en la historia de la cordillera, sigue siendo un componente esencial del funcionamiento del parque. Su integración con estándares técnicos modernos y controles veterinarios permanentes ha permitido consolidar un modelo que combina conocimiento tradicional con prácticas responsables.

Al cierre de la temporada, los resultados evidencian un sistema robusto, con altos niveles de cumplimiento, baja tasa de rechazo y una fuerte orientación preventiva. El informe técnico final, que será presentado ante la Autoridad de Aplicación y la Comisión Asesora del Parque, permitirá seguir ajustando el programa y mejorar su desempeño en futuras temporadas.

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