Muertes en accidentes de tránsito en Argentina

Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad producida por siniestros de tránsito y se calcula que 20 personas mueren por día, casi 7.000 fallecidos por año, y más de 120.000 heridos anuales de distinto grado, de acuerdo a un relevamiento de Luchemos por la Vida. De las víctimas fatales en el 75 por ciento de los casos fueron hombres menores de 35 años, de acuerdo al informe publicado por el Ministerio de Transporte. Casi el 90 por ciento de los siniestros fueron provocados por errores humanos, mientras que casi el nueve por ciento de ellos fueron debido a circunstancias relacionadas con el estado de las rutas o las calles. En menos del dos por ciento de los casos, el motivo fue el estado del vehículo. ¿Se pudieron prevenir los desastres?

Las cifras que muestra Argentina en cuanto a siniestros viales son significativamente elevadas comparado con otros países en relación a su población y el número de automóviles circulantes. Si los números se cotejan con países como España, Canadá, Holanda y Suecia, sus cifras llegan a ser ocho veces más bajas que las de nuestro País.

¿Nos encontramos frente a un problema de solución imposible? Si se trata de disminución de muertos desde 1990 hasta 2018, Argentina no registró ningún descenso, mientras que países como España lograron reducir muertes en accidentes de tránsito por un 80 por ciento, bajando el número de 9.032 muertos en 1990 a 1.806 en 2018.

Exceso de velocidad, ira de carretera, alcohol o celular al volante son las causas predominantes de la pandemia de muertes y secuelados por incidentes viales que agobia a todo un país. Títulos en las noticias que casi siempre tratan de encontrar un culpable en una permanente búsqueda donde el problema siempre es ajeno.

“A mí no me va a pasar”, “por allá no hay controles”, “es solo un mensaje”, “es que llegamos tarde”, son algunas de las voces que a diario se escuchan un ratito antes que ocurran las tragedias; ¿Y si la solución pasa por aceptar que vivimos en una sociedad enferma de imprudencia y negligencia?

Desde Demokratía, preocupados por la realidad de nuestra provincia decidimos avanzar en una investigación que aportara a la visibilización del problema, pero también al entendimiento de sus causas. De nuestro estudio probablemente el principal argumento que emerge es que vivimos en una permanente actitud temeraria, que no dimensionamos el peligro ni que las personas que nos rodean durante nuestros momentos como conductores son al igual que nosotros seres vivos, que quienes esperan que los que estamos en la calle lleguemos a destino tienen sentimientos y que en el acto de transportarnos ponemos en situación de riesgo nuestra integridad y la de otros que son como uno. Nos olvidamos de eso, no respetamos las normas de seguridad vial que no son ni para uno, ni para los demás, son para la seguridad de TODOS.

En consecuencia, el miedo a que aumente la fatalidad y a que nos toque estar lastimados se termina traduciendo en que los mendocinos esperan que la solución venga principalmente desde afuera, relegando al último lugar en importancia a las campañas de seguridad vial que buscan ciudadanos conscientes que tengan la libertad de tomar decisiones criteriosas. En vez de hacernos cargo de que tenemos un respeto distinto por el valor de la vida cuando andamos en ruedas que cuando estamos a pie, elegimos que el Estado nos limite, nos sancione y nos controle más ¿será ese el camino para mejorar la seguridad cuando transitamos las calles?

Cristian, Adriana, Rodolfo, Inés, Ezequiel, Oscar, hombres y mujeres, seres queridos que pudieron y pueden perder la vida en un accidente, seres humanos completos que si hubiesen sido presentados como la estadística del casi centenar de muertos que vieron las calles y rutas de Mendoza en lo que va de 2024 hubieran dejado de ser personas para convertirse en un frío número que no le hace justicia al dolor de las familias que a diario pierden la posibilidad de ver de nuevo a un ser querido.

Humildemente creo que debemos retomar protagonismo en la búsqueda de soluciones, creo que aceptar que hay un problema, poder hablarlo y hacernos parte es la principal forma de hallar mejoras. De ningún modo el camino tiene que ver con dejar de exigir que el Estado se comprometa con la gestión del problema mejorando la educación y la infraestructura; otorgando licencias, controlando y sancionando con rigurosidad. Pero también es cierto que si no nos volvemos responsables de la búsqueda de soluciones, no hay Gobierno por bueno que sea que alcance, llegó el momento de que como sociedad enfrentemos el reto.

Nicolás González Perejamo
Director de Demokratía, Consultora

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